Por Francisco Javier Rivera Casillas

Aspirar a que un gobierno trasmita mayor empatía hacia los gobernados es posible. Cuestión de actitud y aptitud.

Este sencillo y elemental binomio puede ser el detonante que impulse a un gobierno para lograr mejores niveles de aceptación en cuanto a atención de las demandas sociales y sus eventuales resultados.

En primer orden, debemos hacer un alto en el camino y replantearnos una pregunta elemental: ¿qué significa o implica ser un servidor público?

Habrá quien identifique a un servidor público desde un punto de vista formal o desde una definición que atiende a una connotación jurídica, pero regularmente no lo hacemos desde una perspectiva social.
Independientemente del servicio que se preste, desde el más modesto hasta el de mayor responsabilidad, la naturaleza de su función es servir.
Un servidor público que carece de aptitud para desempeñar su función puede suplirla con actitud.(excelencia y amabilidad en la atención al público).
En contrapartida, la falta de actitud nunca será satisfecha con la aptitud, por más conocedor y experto que sea el servidor público, si su trato hacia las personas es indiferente, arrogante o prepotente.

La actitud y la aptitudes un binomio que tiene plena compatibilidad y que actualmente es necesario implementar o retomar en todos los espacios donde se brinda un servicio a la sociedad.

No obstante la variada y compleja lista de temas que debe enfrentar y resolver el gobierno en sus tres funciones (legislativa, ejecutiva y judicial), el ciudadano, vecino, contribuyente, representado , justiciable o cualquiera que sea la denominación que le demos a la persona que solicita un servicio, debe ser el que merezca la mejor de las atenciones.
Es nuestra función servir y debe asumirse con un alto compromiso social. Nunca debe perderse de vista que del otro lado del mostrador o escritorio está una persona que merece un trato digno, con calidad y calidez.
Recibir y escuchar a una persona es el inicio para lograr el objetivo de nuestra función que es servir. Al atenderlo, orientarlo, aclarar dudas o incluso al resolver su problema lo habremos conseguido.

En la función judicial es donde se palpan en mayor medida problemas de toda índole donde ineludiblemente de forma directa o indirecta se ve involucrada la familia, núcleo de nuestra sociedad.

En un juicio detrás de cada expediente hay personas , no son simples documentos o legajos que deben foliarse o agregarse, lo que en realidad representan son problemas reales que enfrentan mujeres , hombres, jóvenes, adolescentes, niñas o niños con una adversidad en su historia de vida.

De eso se trata, de que lo material, no se confunda o desvirtúe con lo que en realidad entraña cada expediente.

No hay duda que todo conflicto sometido a consideración de un juez o magistrado deberá resolverse a favor de quien tenga la razón o el mejor derecho; pero en tanto ello sucede muchas personas recorren día con día los pasillos de los juzgados y del propio tribunal buscando respuestas a sus problemas, y lo menos que merecen es un trato amable de un servidor público con actitud y aptitud para servir.
Los servidores públicos apáticos, indiferentes, o encumbrados y con total falta de sensibilidad no deben tener cabida en esta noble labor de servir.
Coloquemos en su justa dimensión la importante tarea que tenemos encomendada de servir a la sociedad, debemos desempeñarla cotidianamente con absoluta empatía hacia las personas. Para lograrlo no se requiere de algún rediseño institucional, reformas a la ley o de mayor presupuesto.

Simplemente es cuestión de actitud y aptitud. ¡Demos gracias por permitirnos servir!

*Magistrado del Tribunal Superior de Justicia del Poder Judicial del Estado de Nayarit.