LA LEY, SÍ ES LA LEY..!

  • Ser esquirol y morir en el intento

  • La SCJN confirma su importante función

Si las nuevas generaciones de electores se identifican con la figura de Samuel García, gobernador de Nuevo León, debemos de pensar varias veces previo a la calificación del escenario político electoral que enfrentaremos los mexicanos en el ya inminente 2024; por la insustancialidad, la frivolidad, la exageración estólida de su propia figura, se nos dimensiona un político con precariedad extrema.

Quienes nacieron en la mitad del siglo pasado, les tocó vivir el largo periodo del PRI hegemónico y el nacimiento de la pluralidad democrática y la alternancia en el poder; empero durante este periodo estabilizador que hizo crecer la economía mexicana a niveles superiores al 6% de PIB, la política, los políticos eran cosa seria.

No era dable las balandronadas, la militancia indicaba obsequencia inmediata a las decisiones cupulares de los partidos y aquellos que no aceptaban, salían ipso facto del tinglado político electoral.

Hoy los partidos, tienen lo peorcito de la sociedad, execrencias de movimientos cortoplacistas que no conocen la disciplina de una organización política, carecen de urbanidad y como no lo conocieron, no saben guardar las formas republicanas de la interlocución entre poderes, son estridentes, majaderos y absolutamente inconsecuentes con los ordenamientos legales.

Pudiese ser que Vicente Fox inauguró este pedestre estilo de majaderías y desprecio  por las normas que rigen al Estado mexicano, empero, la actual administración federal, llevó  a lo inaudito este estado de excepción de facto y no de jure; el marco legal les estorba, desde el púlpito presidencial se impulsó la división del pueblo y se azuza la polarización de la sociedad que genera el ambiente de rijosidad entre adversarios políticos.

La frase del inexperto gobernador de Nuevo León al inicio de su corta pre campaña lo define, “hay que sacar de México a esta bola de corruptos del PRIAN..!” o sea que al adversario que hoy es la oposición no solo hay que ganarle, sino desaparecerlos del faz del territorio nacional.

Es la visión extrema de un patrimonialismo que no oculta sus apetitos, apropiarse del Estado mexicano, desaparecer el esquema del equilibrio de poderes, sin que existan instituciones que salvaguardan la transparencia y el bien actuar de los poderes.

Empero, pese a todo, la SCJN –ahora sí al cuarto para las doce- con un sencillo mecanismo estableció la legalidad del margallate en que convirtieron la licencia del novel gobernante neolonés; la obviedad nos indica que el esquirol sabía cuál era su papel en esta campaña y ante los riesgos reales de ser defenestrado por sus malos manejos en las finanzas de su entidad, decidió retomar el poder estatal para defenderse.

Muy mal  parado queda MC, se acredita el juego al que le apuesta Dante Delgado; empero, muy a pesar de los agoreros de la continuidad, el pueblo de México no tiene pasión para la servidumbre política, hoy la sociedad avanzó a niveles de pluralidad nunca vistos, y  existe un 58% de su población que no está alienada a los regímenes extremos, el sectarismo no aparecerá como uniforme en el pensamiento de los mexicanos.

Pasamos del dictum presidencial que dijo “No me vengan con que la ley es la ley..” a la resolución de la SCJN que establece que “La Ley.., sí es la Ley..!”


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