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Cuba Ofrece Apertura a Inversion Externa para Aliviar sus Dificultades

La revista The Atlantic empieza un texto de este fin de semana con una escena: es un petrolero ruso que avanza lentamente hacia Cuba, muy posiblemente en dirección “a un enfrentamiento con la Armada de los Estados Unidos”. Es el Anatoly Kolodkin. Transporta decenas de miles de toneladas de petróleo crudo, aparentemente con destino a Cuba. “Sin embargo, es posible que no llegue a su destino –agrega la publicación–: la Armada estadounidense está patrullando el Caribe para cortar el suministro de petróleo a La Habana”.

El Gobierno de Donald Trump está llevando a Cuba al límite. Parece dispuesta a protagonizar un enfrentamiento en alta mar con claras reminiscencias de la Guerra Fría. El objetivo del Presidente de Estados Unidos es instaurar un gobierno afín en La Habana después de una larga batalla que inició con el triunfo de la Revolución, en 1959.

La semana pasada, Trump declaró a la prensa que cree que tendrá el “honor de tomar Cuba”, y añadió: “Ya sea que la libere o la tome, creo que puedo hacer con ella lo que quiera”. Ese es su plan, de hecho: hacer con Cuba lo que hacía Estados Unidos antes de 1959: lo que quisiera. Pero Trump puede muchas veces hablar a nombre de su país y otras veces hablar de sus intenciones personales.

El 1 de febrero pasado, un amplio texto de David D. Kirkpatrick en la revista The New Yorker estimó que Trump había sumado a su fortuna –desde que asumió, el 20 de enero de 2015, hasta esa fecha– un total de cuatro mil 050 millones de dólares. “En agosto, informé que el Presidente y su familia habían ganado tres mil 400 millones de dólares aprovechando su cargo. Tras su primer año de regreso al cargo, la cifra se ha disparado”, escribió.

La Casa Blanca calcula que las extremas dificultades económicas de la isla le darán a Trump la ventaja necesaria para doblegar a La Habana. El Presidente cubano, Miguel Díaz-Canel, reconoció públicamente la semana pasada las conversaciones entre ambos gobiernos y prometió una serie de reformas para apaciguar a Washington, una concesión que evidenció tanto la urgencia de la crisis interna como la vulnerabilidad del régimen, dice The Atlantic en su texto.

Agrega: “La economía cubana, ya debilitada por la mala gestión, la ideología económica comunista, las sanciones y el fin del petróleo subsidiado de Venezuela, ahora sufre apagones generalizados y escasez de alimentos. Tras la pandemia de COVID-19, más de un millón de personas abandonaron la isla, aproximadamente el 10 por ciento de la población cubana. Podría avecinarse otra oleada migratoria si la isla no recibe ayuda económica”.

El texto en The Atlantic lo firman Vivian Salama y Sarah Fitzpatrick, y se llama: “Trump ya tiene la vista puesta en Cuba. Según un funcionario de la administración, ‘el cambio de régimen está en marcha’, a la espera de la señal del Presidente”.

“Trump Hotel Havana”

Ryan Grim, reportero del sitio Drop Site, dice en un texto publicado este fin de semana que, de hecho, Cuba “está preparada para ofrecer compensación a los estadounidenses que perdieron propiedades en la Revolución de 1959”. El periodista se reunió con el Viceministro de Relaciones Exteriores de Cuba, Carlos Fernández de Cossio.

El viernes por la noche, gran parte de La Habana se quedó sin luz, y el sábado por la noche, el apagón se repitió, esta vez en todo el país. “Esta mañana, mientras se restablecía la electricidad, visité el Hospital Pediátrico William Soler y hablé con médicos, enfermeras y padres de niños en cuidados intensivos sobre cómo es sufrir un apagón en una UCI. En Cuba, los hospitales, por diseño, son los últimos en sufrir un apagón, pero con un corte de luz a nivel nacional, incluso ellos se quedan sin electricidad. Cada hospital cuenta con un generador, pero existe un peligroso retraso entre el corte de luz y el encendido del generador. Las enfermeras describieron cómo corrían hacia los bebés y niños conectados a respiradores para bombear manualmente la máquina hasta que el generador se ponía en marcha”.

Fernández de Cossio le dijo que, a pesar de la tendencia de Trump a atacar a países en medio de negociaciones, el Gobierno cubano no ve “ninguna alternativa” al diálogo directo con Estados Unidos. “Creemos que es la única manera de encontrar soluciones a los problemas entre Cuba y Estados Unidos; y realmente creemos que se pueden encontrar, no pensamos que nuestros dos países deban vivir para siempre en hostilidad”, declaró al periodista de Drop Site.

“Como muestra del desafío al que se enfrentan los negociadores –agrega el periodista–, el Secretario de Estado Marco Rubio, defensor desde hace mucho tiempo del cambio de régimen en Cuba, afirmó que las medidas económicas anunciadas el lunes eran insuficientes y sugirió que lo que el país necesitaba era ‘gente nueva al mando’”.

Pero Fernández de Cossio le dijo a Drop Site que la oferta actual de Cuba a Estados Unidos supera con creces lo que era posible en el pasado. “Si bien es difícil imaginar un Costco o un Starbucks en la isla, afirmó que la libertad de movimiento político que resultaría del levantamiento del embargo abriría nuevas posibilidades en materia de reformas económicas y políticas. Según los registros del gobierno cubano, el propio Trump registró hace tiempo la marca Trump Hotel Havana, y un nuevo acuerdo allanaría el camino para tal desarrollo”.

Armados y muy cansados

Jon Lee Anderson, periodista, recuerda en un ensayo largo publicado en The New Yorker que Cuba ya había atravesado tiempos difíciles. “El mito de la Revolución se basa en la capacidad de resistencia del pueblo. En los años noventa, viví en La Habana con mi familia durante el Período Especial en Tiempo de Paz, como Fidel Castro denominó a los años desastrosos tras el colapso de la Unión Soviética. Sin el principal benefactor de Cuba, la economía se desplomó y las importaciones de petróleo cayeron en picado”.

“Incapaces de encontrar combustible, los cubanos se desplazaban en bicicletas Flying Pigeon, importadas por Castro de China, o caminaban. En el campo, los bueyes sustituyeron a los tractores; los taxis tirados por caballos se hicieron comunes en las ciudades. Finalmente, el gobierno improvisó un sistema de transporte soldando autobuses para crear vehículos largos llamados ‘camellos’, por sus características jorobas. Pero no había suficientes ‘camellos’ para todos, así que la gente a menudo tenía que esperar horas a que llegara uno”, agrega.

El periodista tiene un párrafo terrible, profundamente triste: “Cuando el gobierno perdió su capacidad de proveer, quienes poseían joyas o antigüedades las vendían a quien las pagara. La prostitución, considerada durante mucho tiempo un mal del pasado propio de la era capitalista, resurgió con fuerza. La desnutrición propició una epidemia de neuropatía óptica, una enfermedad que causaba ceguera. Varias personas que conocía se suicidaron, y un día una joven se arrojó delante de mi coche intentando quitarse la vida; logré esquivarla justo a tiempo”.

“Quienes siguen de cerca la situación en la isla sugieren que las negociaciones están estancadas en una dinámica irreconciliable. [Marco] Rubio parece estar bien informado y comprometido con un cambio político a largo plazo, pero la retórica intimidatoria de Trump dificulta que los líderes cubanos lleguen a un acuerdo”.

Luego Trump habló de tomar la isla. Díaz-Canel respondió con una advertencia. “Ante el peor escenario, Cuba se enfrenta a una certeza: cualquier agresor externo chocará con una resistencia inexpugnable”.

Jon Lee Anderson platica con Joe García, excongresista demócrata de Florida con décadas de experiencia en las relaciones entre Cuba y Estados Unidos. García creía que los líderes del régimen no aceptarían fácilmente la imagen de su país como un Estado vasallo.

“Los cubanos tienen historia”, declaró la semana pasada. “Han luchado por todo el mundo. Miles de sus hombres combatieron y murieron en Centroamérica y en las guerras anticoloniales de África. Y, para ser una pequeña isla del Caribe, tienen una influencia desproporcionada, o al menos la tuvieron en su momento”.

Los funcionarios cubanos no se habían retirado de las conversaciones, pero daban a entender que el modelo político no estaba sujeto a cambios, dice el periodista en The New Yorker. “Al igual que los estadounidenses, parecían más preocupados por sus propias prerrogativas que por el sufrimiento del pueblo cubano.

“Están intentando encontrar la manera de salir adelante”, le dijo García. “Se enfrentan a la imprevisibilidad de Trump, por un lado, y a su inminente colapso, por el otro. Pero los países no colapsan. Simplemente siguen decayendo”.

La semana pasada, detalla John Lee, uno de los diplomáticos latinoamericanos en Cuba describió una situación precaria. “‘No entra ni una gota de petróleo al país’, me dijo. El racionamiento se había agudizado y no era raro que La Habana tuviera electricidad sólo noventa minutos al día. ‘La sanidad, la educación, el transporte… todo está hecho un desastre’, continuó el diplomático. ‘Hemos vivido en la incertidumbre; ahora entramos en una fase de peligro. Existe el riesgo de hambruna, nuevos virus, desastres ambientales, levantamientos generalizados y de que los estadounidenses se aprovechen y hagan alguna locura. La gente está realmente agotada, exhausta, sumida en la desesperación. Pero creo que aman a Cuba’”.

 

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