JUICIOS DE PARADIGMA..!

Luis Ignacio Palacios 27/10/2020 Comentarios
JUICIOS DE PARADIGMA..!

 

  • El juicio de Friné, la cortesana de la Antigua Grecia que se desnudó para salvarse
  • Agnódice, la mujer que ejerció la medicina, en tiempos imposibles
  • Singulares enseñanzas para los Abogados litigantes de hoy

 

Hipérides, fue un destacado orador y político ateniense del siglo III antes de nuestra era, fue discípulo de Platón e Isócrates,  y según una tradición , fue un gran orador, político y abogado, que, entre otras muchas actividades, colaboró con Demóstenes en su oposición a la supremacía Macedonia.

Como Abogado defensor, fue audaz al mostrar la prueba final del juicio que llevó para defender a la hermosa Friné, cortesana, inteligente y muy rica; y ahí en la colina de Atenas, en el Areópago, la acusada enfrentaba uno de los cargos más graves que se podían imputar contra alguien: impiedad, una de las razones por las que el gran filósofo ateniense Sócrates había sido sentenciado a morir tomando cicuta.

Por más preparación y esfuerzo, era obvio que el talentoso Hipérides, uno de los diez oradores áticos (considerados los mejores oradores y logógrafos de la antigüedad clásica), no estaba logrando convencer al jurado.

Con la vida de su defendida -y su propia reputación- en juego, tomó medidas extremas.

Eutias, un admirador rechazado por Friné, la denunció por impiedad al haber  profanado la sacralidad de los misterios de Afrodita; denuncia presentada ante el Tribunal de los Jueces del Areópago de Atenas. Para Eutias, Friné corrompía con su representación, a los varones ilustres de la ciudad.

En los alegatos ante un tribunal de enjuiciamiento, el cronista como Abogado defensor sabe cuándo no las tiene uno todas consigo, y en el caso dado que no conseguía nada con su discurso y era probable que los jueces la condenaran, tras conducirla hasta un lugar bien visible y desgarrarle la túnica interior, dejándole el pecho desnudo, declamó sus lamentaciones finales ante la visión que ella ofrecía, era, sin duda un «Banquete de los eruditos».

La del pecho desnudo

A quien había desnudado frente al jurado en ese lugar sagrado, que era regado con agua limpia antes de los juicios para recordarles a los presentes que todo lo que ahí entraba debía ser puro, era una hetaira. Las hetairas eran una clase de cortesanas profesionales independientes de la antigua Grecia que, además de cuidar su atractivo físico, cultivaban sus mentes y talentos en un grado mucho alto de lo que se le permitía a la mujer ática promedio.

De todas ellas, la acusada se destacaba por su deslumbrante belleza, agudeza y riqueza.

Su nombre real era Mnēsarétē, que significa «conmemorando la virtud», pero era conocida como Friné, que aunque significa «sapo» y parece un insulto, no lo era porque el apodo no se debía a sus facciones sino al color oliva de su piel.

Había nacido en el año 371 a.C. en Tespias, pero se mudó a Atenas y, con el tiempo, se convirtió en una celebridad tal que se escondía tras un velo de la vista del público.

«Friné era una mujer realmente hermosa, incluso en aquellas partes de su persona que generalmente no se veían; no era fácil verla desnuda, porque solía usar una túnica que cubría toda su persona, y nunca usaba los baños públicos», cuenta el cronista Ateneo.

Así, sólo los que pagaban podían verla… en carne y hueso.

Los que no podían darse ese lujo, tenían sin embargo la oportunidad de admirar sus atributos gracias a que era una modelo muy solicitada por pintores y escultores, incluido Praxíteles -el más renombrado escultor clásico ático del siglo IV a.C.-, quien la inmortalizó en una de las obras más famosas del arte de la Antigua Grecia. (cuentan que la hizo su amante..)

Hipérides había desnudado a Friné frente al jurado.

La cortesana estaba ahí porque, como contó Ateneo, «durante las festividades Eleusinas y las de Poseidón, a la vista de todos los panhelenos se quitaba el manto, se soltaba la cabellera y entraba en el mar». Si la estaban acusando de profanar el festival con su ofrenda, Hipérides les estaba mostrando a aquellos ancianos eruditos, el medio con el que había cometido el crimen.

Mostar ese cuerpo tan perfecto que únicamente podía ser obra de los dioses, fue sin duda su mejor argumento. Porque les dijo “sería una falta de respeto a ellos privar al mundo de esa obra divina”.

¿Cómo iban a condenar a una mujer que era tan hermosa que representaba a la diosa Afrodita?

«…y consiguió que los jueces sintieran un respeto reverencial hacia la ministra y sierva de Afrodita, concediendo por piedad religiosa que no se le diera muerte», dice Ateneo.

El abogado Hipérides para defender a Friné en los estrados y ante la insensibilidad de los jueces que no mostraban favoritismo por sus argumentos, desnudó el torso de la joven en el momento en que deliberaban para condenarla o absolverla y señalando a la joven desnuda, exclamó: “¿Cómo puede ser impía una mujer que tiene formas de diosa? ¿Acaso pueden estar seguros los miembros de este Tribunal de que tienen autorización de los dioses para destruir una belleza semejante? Piedad para la belleza”.

El Tribunal ante el asombroso parecido de Friné con la diosa Afrodita, la absolvió por unanimidad. Já..! –dice el cronista- y como no, ella había posado para el orfebre que creó la estatua de Afrodita.

La historia del juicio de Friné ha sido recreada con base en escasos pasajes de escritos de la época y relatos de autores que no estuvieron presentes.

Se sabe que el juicio tuvo lugar y que el discurso de Hipérides en su defensa fue uno de los más admirados en la antigüedad, aunque de tal alegato solo sobreviven apenas un puñado de fragmentos.

La estratagema final del Abogado defensor ilustra a los Abogados litigantes de hoy, de que es menester tener una imaginación creativa y saber improvisar en momentos difíciles ante los tribunales de enjuiciamiento; este es un espléndido legado del juicio, a pesar de que no tengamos pruebas más allá de cualquier duda fundada de la veracidad de los hechos.

 

AGNÓDICE LA MUJER GRIEGA QUE EJERCIÓ LA MEDICINA

Existe otro juicio que es igual o más de dramático, la de una inteligente mujer griega que se hizo pasar por hombre para estudiar y ejercer la medicina.

Corría el siglo IV a.c. y Agnódice estaba en el banquillo de los acusados. Un grupo de médicos había presentado cargos en su contra argumentando que seducía a las mujeres que eran sus pacientes, y peor, que hasta había violado a dos, penetrándolas.

El veredicto del Consejo del Areópago había sido «culpable».

Y aquí no hubo argucia de Abogado, de hecho no se registra quien la defendió, y pues no le quedaba más remedio. Agnódice se levantó la túnica y, sin necesidad de palabras, les dejó saber que era mujer, no hombre, como había hecho creer. Sabía que la revelación sería considerada como un delito peor que haber seducido o hasta violado a sus pacientes.

«¡Una mujer, practicando medicina!», exclamaron algunos, como escupiendo las palabras. Y para salvarse de aquella acusación infausta, les había dado la razón perfecta para ejecutarla

Estaba entre la espada y la pared. Tenía que demostrarles que estaban equivocados, revelándoles la verdad… aunque hacerlo significara la muerte.

El crimen

Esa razón era la misma por la que sus pacientes la habían preferido. Porque era un secreto guardado por ella y aquellos a quienes había ayudado puesto que en esa época estaba prohibido que las mujeres practicaran medicina.

No siempre había sido así. No mucho antes de que Agnódice decidiera que dedicarse a la partería, la práctica era consideraba como una profesión honorable en la civilización griega.

Una de las célebres parteras era Fanáreta, la madre del filósofo Sócrates (470-399 a.C.)

Y aunque el contemporáneo más famoso de Sócrates, Hipócrates (460-380 a.C.), el considerado  padre de la medicina moderna, no admitía mujeres en su escuela primaria de medicina en su isla natal de Cos, al parecer sí les permitía estudiar temas obstétricos y ginecológicos en sus otras instalaciones de enseñanza.

Sin embargo, los atenienses poderosos no veían con buenos ojos que las matronas acumularan tan impresionante gama de conocimientos y talentos en un campo relacionado con la reproducción de sus herederos. Así que decidieron prohibir que las mujeres practicaran la partería y la medicina, so pena de muerte.

Y esta machista determinación fue un golpe terrible, no solo para las comadronas que se quedaron sin medios de subsistencia, sino también para las mujeres cuyos partos, sin la guía de una partera, a menudo terminaban en desastre.

Recordemos que en esa época, de la Grecia antigua era una sociedad que valoraba mucho la modestia femenina, y eso hizo que la transición de las matronas a los médicos varones no fuera fácil.

A pesar de los avances de la medicina introducidos por Hipócrates y de la voluntad de los hombres recién entrenados para hacerse cargo del cuidado de las mujeres, estas se negaron rotundamente a permitir que los médicos las examinaran o ayudaran en el momento de dar a luz. Desde el punto de vista de los doctores, las mujeres eran criaturas obstinadas, sin interés en su propio tratamiento o salud y responsables por el número cada vez mayor de muertes relacionadas con el parto.

Sin embargo, lo que demostró la osadía de Agnódice fue que todo ese sufrimiento podría haberse evitado si no se hubiese prohibido la partería.

Ella

Agnódice había querido estudiar medicina y practicar partería desde pequeña. Cuando le cerraron las puertas por ser mujer, se cortó el cabello, se puso ropa de hombre y se fue de Atenas a Alejandría a estudiar con uno de los seguidores de Hipócrates.

Fue nada menos que el primer anatomista, Herófilo de Calcedonia (335-280 a.C.), cofundador de la legendaria escuela de medicina en Alexandria, quien le impartió su sabiduría médica sin saber que era mujer. Tras su regreso a Atenas, ya graduada, Agnódice trató de atender un parto particularmente difícil. La mujer parturienta se negaba a dejarse ver por los médicos, a pesar de su agonía.

Desesperada por ayudar, Agnódice levantó su túnica para revelar sus pechos; al verlos, la paciente, aliviada, le permitió ayudarla. Y el secreto de Agnódice se difundió rápidamente entre las mujeres y su práctica creció tanto que los otros médicos se molestaron.

Por eso empezaron a hacer correr el rumor de que seducía y corrompía a las esposas de otros hombres, y levantaron falsos testimonios para acusarla de violación sexual con penetración a dos pacientes.

Volvamos al juicio; era indudable que Agnódice había violado la ley, y quienes estaban presentes en el juicio sabían cuál era el castigo.

Peeero un gran obstáculo lo impidió: una multitud furiosa de mujeres atenienses acaudaladas, a quienes Agnódice había ayudado, entre ellas esposas de médicos y políticos que la habían acusado, exigieron su liberación. Sin ella, afirmaron, muchas de ellas estarían muertas o morirían en el futuro. Si ejecutaban a Agnódice, declararon, «todas moriremos con ella».

Y esta rebelión resultó no solo en la liberación de Agnódice sino también en la anulación de la ley que prohibía a las mujeres practicar la medicina, siempre y cuando solo trataran a pacientes del mismo género.

Esta otra historia, nos demuestra  que el poderío de la hembra humana, no ha sido avasallado por la estulticia de los hombres que en condiciones de poder político han pretendido mantener en estado de minusvalía a la Mujer.

O usted que opina, estimado lector…?

Contacto.- cronicaslip@gmail.com

 

 

 

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