NERVO; ÉSE SEXOSO

Luis Ignacio Palacios 28/09/2020 Comentarios
NERVO; ÉSE SEXOSO
  • «Otras Vidas» libro que contiene tres novelas cortas del poeta
  • Una exploración sobre la sexualidad subyacente en su obra

Declamé cuando cursaba la educación primaria, varias de las poesías de Amado Nervo; en la secundaria fui de los preferidos de la maestra Peña de Literatura para declamar, algunas del poeta; sin embargo conocí la vasta obra de Nervo, cuando en Guadalajara, siendo estudiante de la Facultad de Derecho, mi primer trabajo fue “comisionista en cobros”.

La editorial Aguilar me contrató para cobrar a deudores morosos, y en ocasiones recogía los libros que no pagaban; ahí estuvo, finamente empasatado en piel, con letras doradas “Obras completas. Amado Nervo” conocí su prosa primera, que le publicaron en Mazatlán Sinaloa, casi un cronista de sociales que testimoniaba las fiestas de la gente del puerto.

Cuando se traslada la familia a la ciudad de México, llega en 1894, y ahí prosigue sus publicaciones en los periódicos, de hecho, algunos de sus biógrafos lo señalan como el pionero del “periodismo rosa” es decir las notas de sociales; y ese es uno de los problemas que Nervo nos pone al estudiar su obra.

Casi todos lo conocen como un poeta místico, irremediablemente cursi; empero pocos se han adentrado en su prosa como novelista; escribió once novelas cortas, y, recuerdo vivamente el pasmo que me produjo el descenlace dramático con que termina “El Bachiller” esa novelita de treinta y cinco páginas, cuyo texto nos anuncia su prosa de un preciosismo lingüístico, y que en todos sus textos subyace un explorador de la sexualidad imperante de su tiempo.

Y del “tiempo nuevo” con su polémico poemita “Andrógino” que todos los culturosos que han venido a Tepic, se niegan a analizarlo y parafrasearlo para explicar su claro contenido homosexual.

Es obvio que Nervo busca con la limitaciones de la época, ser vanguardia en ello, la clave narrativa de sus novelas es el amor imposible. Todo esto y más, me hizo recordar y leer por vez primera la novela “Pascual Aguilera” , la primera de tres que contiene el libro “Otras Vidas” que recién me regaló mi queridísima amiga Lorena Elizabeth Hernández, directora del Festival Letras de Tepic.

Esta novela, también tiene un descenlace trágico, digno de una telenovela actual, el arrebato sexual del protagonista Pascual, ante lo irremediable de la consumación de la boda de la bella Refugio con su antagonista Santiago; Nervo describe a la muchacha:

“¡Qué guapa era!, con su cabeza de rizos negros, que en las sienes se enroscaban graciosamente como volutas de azabache; con su rostro moreno y oval de guadalupana; sus ojos de terciopelo donde brillaba la alegría de la juventud, la alegría de la vida; su nariz de aguileño corte, admirablemente perfilada; su boca roja, breve y jugosa; sus dientes húmedos de nacarado esmalte y su barba hoyuelada; y su busto gallardo en que culminaban ya los senos adolescentes, sustentado por amplias caderas que acariciaban la mirada euritmia cadenciosa de sus líneas. ¡Qué hermosa era!”

Nervo entra al terreno de la sexualidad –insatisfecha, reprimida- del galán frustrado, cuando Pascual espía la cabaña de los recién desposados:

“y seguía encarnizadamente fijando sus ojos llameantes de lasciva en la luz aquella, luz tranquila que alumbraba las caricias primitivas de dos organismos fundidos en uno con el ímpetu viril de la juventud.”

Y deja a la imaginación el descenlace dramático, cuando ve en el paroxismo de su impotencia, a su madrasta doña Francisca:

“apareció ésta alarmada, cerca del dintel, fijando sus claros ojos, llenos de asombro, en su entenado y destacándose en la penumbra, blanca, con la blancura mate de sus carnes ligeramente enjutas, semiveladas por la camisa de dormir. -¿Qué tienes? –preguntó. Pascual fija en ella sus llameantes ojos de fauno y su alucinación tomó creces. -¡Refugio, Refugio!… aulló, y llegando de un salto hasta la matrona, alzola en vilo con fuerzas centuplicadas por la locura y desapareció con su carga en la oscuridad de la estancia.”

Y la narrativa se deshoja con los sentimientos encontrados de la matrona, la culpa y el dolor de haber disfrutado el encuentro sexual con su entenado, la molicie del cura y el anuncio de que podrá tener frutos. La religiosidad extrema decimonónica y la sexualidad inocultable de los personajes de Nervo.

Con mayores complejidades, pero igual de atractiva la tercera novela del texto “Donador de almas”, es una interesante trama de una transfiguración de una alma, Alda que le lleva el protegido al protector, una trama entre dos hombres Andrés y Rafael; el que tenía todo y era insatisfecho. Algunos de su biógrafos se preguntan, si no es una exploración de amor homosexual de los personajes; el rol menor femenino  de Sor Teresa la dueña del cuerpo que le quitan el alma y doña Corpus, la ama de llaves del doctor.

Un florilegio de descripciones y un final esperado: “Y el alma liberta, el noble espíritu manumiso, partió después como un ensueño que se aleja. Andrés y Rafael quedaron inmóviles en la estancia. Rafael sollozaba; meditaba Andrés. Delante de ellos el sol que se ponía. Detrás de ellos, en los limbos indecisos del pasado, estaba el recuerdo…”

Si que era sexoso nuestro vate y ya ni que decir de su aventura diplomática en España, con su mujer Ana Cecilia Dailliez, la niña que se convierte en mujer Margarita, a quien el poeta se refiere como Margot y así mismo como “Miguel” en el libro de poemas que le dedica; luego las fotos en La Habana, que presumen el amor consumado con su hijastra.

Y he de recurrir a la prosa de Alfonso Reyes que hizo con ironía la crónica de este amor imposible.

“Se refiere a lo que se narra en El arquero divino, y más explícitamente, en La conquista, uno de los libros que integran El estanque de los lotos, de los últimos poemarios de Nervo. Esa obra, de carácter autobiográfico, cuenta una historia, algo no habitual en los libros de Nervo, donde hay temas afines, pero rara vez una narración continua.

Mientras en El arquero divino se cuenta la desesperanza de un amor sin futuro, en “Las peras al olmo”, se dice lo indecible: un hombre maduro, que sale de un dolor intenso, se enamora de una joven a la que aturde con su perseverancia; él, de 40 y tantos, ella de 18, lo que se ve imposible;

ella no lo aleja, pero le pide que frene sus ímpetus; lo que resalta es que le explica que, pese al cariño que le tiene, y que no quiere perderlo, viven una pasión que los hace estremecer; al principio “no quería decirlo; moriría inconfeso… hubiera dado toda su vida por el beso de aquella boca virgen…”; tras la insistencia ella se incomoda, se ruboriza, lo que la hace más bella; recobra la calma y, con una tranquilidad que a “Miguel” lo paraliza, y con cierta “malcriadez ingénita de la niña mimada”, le asesta una frase que él recibe “como una bofetada”:

“!Imposible, Miguel; ha puesto usted el colmo a su audacia…! Eso fuera pedir peras al olmo: “¿Yo con mis dieciocho esposa de usted? ¿Cómo decir te quiero sin añadir papá? Amigos, sólo amigos”, y tajante: “ni una palabra en adelante”.

Tenemos Nervo para rato.

Bien por el Festival Letras en Tepic que prosigan recreando la prolífica obra del poeta.

Contacto.- cronicaslip@gmail.com

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