AH…! SANBOLAS…!

Luis Ignacio Palacios 09/06/2020 Comentarios
AH…! SANBOLAS…!
  • añoranzas del puerto y su gente
  • el eterno atractivo de un pueblo pintoresco

El día de ayer, el gobernador Toño Echevarría develó dos estatuas cuya alegoría da testimonio de lo que es la cultura popular y una vital actividad de Sanbolas, están en el recién construido paseo de Aticama, el pueblo aledaño de Matanchén, se trata de la leyenda urbana de la joven desdichada de amor que se hizo popular como “La loca de San Blas” y de un ostionero.

El popular grupo Maná, no sólo cuenta con una pegadiza melodía romántica, sino que narra la historia de una mujer que llegó enloqueció de amor y perdió su juventud «en un muelle, esperando». Pero, ¿quién es este personaje? ¿Existió realmente? De acuerdo con la leyenda, quien trató de ser cantante Rebeca Méndez Jiménez, fue una señora con graves problemas mentales, quedó vestida de novia, aguardando un amor que se habría llevado el mar. Hoy es su hija, Blanca Leticia Suárez, quien se encarga de limpiar el nombre de su madre y asegurar que no estaba loca, sino solamente… enamorada del amor.

De los ostioneros tenemos muchas anécdotas, va una; el cumpleaños de mi padre Jesús Salvador Palacios, era el 25 de diciembre, al día siguiente toda la familia medio crudos y desvelados nos íbamos a Santa Cruz a media mañana a comer ostiones, precavido el escriba, llevaba vino blanco alemán, “Liebfraumilch” conocido en México como “leche de la virgen María”, mi padre, mis tíos y hermanos hacían mofa de mi bebida, ellos, al igual que mis hijos y sobrinos tomaban cerveza ballena.

La última vez que fuimos, con el festejado ya enfermo que medio comió unos ostiones pero ya sin cerveza, como siempre era un jolgorio con los ostioneros, luego de hacer cuentas, se pagaron 70 docenas de ostiones..!

Ya de salida, ahí en la ramada en que estábamos, iba llegando un ostionero con un chiquihuite lleno de ostión recién sacado; mi padre les dijo a mis hijos y a dos sobrinos “¿se lo comen…? “ y dos de ellos solo dijeron “pues con un par de ballenas Pacha..” (nombre que se le decía a Papá Chava) y se zamparon otras cinco o seis docenas del riquísimo molusco. Ahora, con esta pandemia y en reclusión domiciliaria, deveras añoro a mi padre y la playa de Matanchén, a donde de continuo asistía para nadar en sus tibias aguas.

Hoy ya abrieron las ramadas, aún no se puede ir a las playas, espero que esto no tarde, y sin duda nos enfrentamos a la desobediencia civil que no sabe respetar las medidas de prevención de sana distancia y evitar el hacinamiento de personas, que en su mayoría tienen el desdén a la pandemia.

De mi domicilio a la playa de Matanchén hago 20 minutos; Sanbolas, siempre será mi referente del paraíso; cuando cursaba la preparatoria, fuimos en motocicleta a la llegada de las caravanas de los gringos que cada verano en parvada llegaban al puerto; ahí, en los trailer´s park´s recibí las bondades de dos jóvenes señoras norteamericanas; fui testigo de la evolución de ese pueblito, que recibió a extranjeros millonarios de varios países que adoraban la vida tranquila y permisiva para fumar yerba.

Con Celso Delgado gobernador estuve presente en aquél trascendente evento “San Blas para el mundo” que el tribuno trajo a una decena de personajes como la directora del Museo de Madrid; y los historiadores marinos de Miami, así como a un ex secretario de Marina de México; para disertar sobre la importancia del puerto en la colonización de las californias; por cierto le gané una apuesta al vate Octavio Campa Bonilla, en la cena del cierre del evento, cuando en la mesa principal, Celso se sentó a cenar sopes de ostión, le digo “cuánto apuestas a que Celso se come más de 15 sopes…?” el poeta dijo “no´mbre..! no llega a 15..”.

Y el entonces gobernador, acompañados con agua de Jamaica, se zampó 23 sopes de ostión..! que festivos los jotos cocineros de la plaza se disputaban por llevarle a Celso, que atento a todos complació.

Conservo aún la playera de resaque que vendía ese tugurio de enorme fama “El Mezcalito” y todavía recuerdo la borrachera inmensa que me puse en el “Coco Loco” al beber dos tremendos y enormes cocos de agua con ginebra y quién sabe que otro brebaje que le pusieron; y cuando descubrieron que frente a nuestras playas, mar adentro entre la costa y las Islas María que existen yacimientos de petróleo; solo que el gobierno federal y Pemex, taponeó los pozos “Hichol I y Huichol II”.

De ahí la súbita inversión de Martín Lizárraga para hacer el enorme hotel en la avenida que va hacia la zona naval; cuando uno vuela hacia la isla María madre, desde el aire se ven las dos estructuras taponeadas.

Y ahora que de vez en cuando voy al juzgado o a la agencia del MP, aprecio la transformación del cómo se mueven las mujeres de Sanbolas, primero fueron las bicicletas, que les compraban a los gringos que llegan a vacacionar en diciembre; y ahora casi todas traen motocicletas de bajo cilindraje.

Vi el transformación del Hotel que compró el profesor Vázquez y que ahora su hija es una chef de fama internacional; empero sigo prefiriendo los platillos de Gabino en la playa del borrego y las exquisiteces de “La isla”, el pequeño restaurante del centro de Sanbolas.

Ahí en la bahía de Matanchén, cuando hacía triatlones, iba a entrenar cada semana; uno de mis amigos triatleta de Guanatos, me decía “¿cuánto haces a la playa de San Blas..?” (no había la autopista) “unos 45 minutos, -y vas diario..?”

No, cada fin de semana- a lo que me contestó: yo viajo casi dos horas de ida y otro tanto de vuelta para ir a entrenar nado a una presa inmunda.., y tú a menos de una hora, solo vas cada semana…, pinches náyaros…!”

San Blas, tuvo en la colonia una población de 200 mil habitantes, tenía astilleros para construír navíos, que calafateaban con el chapopote que se exuda en los esteros; hoy, es un municipio pujante con un mejor desarrollo para el turismo receptivo; restauranteros de Tepic se fueron a la bahía y hoy son exitosos; quedan las ramadas tradicionales con su buena cocina, solo con el añadido de que con la competencia de los recién llegados, ellos aumentaron sus precios.

Pese a todo, a los jejenes inmortales de las seis de la tarde, Sanbolas es un ubérrimo lugar, al que se tiene que cuidar, educar a su gente para que conserve los atractivos de su pintorequismo, mejorar la vialidad del pueblo y desde luego los servicios sanitarios de las ramadas.

Sanbolas, Matanchén, Aticama, Santa Cruz, Los Cocos, y demás pueblitos, son un tesoro que no deben cambiar, se impone mejorar sus servicios, pero que los dejen como están, nada del glamour de los impresionantes resort´s de Badeba; así, con su cultura y aroma de pueblo, así lo queremos…

Contacto.- cronicaslip@gmail.com  

 

Interactúa con el autor, deja un comentario u opinión »

Ir al contenido