VENADETTI

Luis Ignacio Palacios 05/10/2019 Comentarios
VENADETTI
  • la ceremonia del adiós de Bernardo Macías
  • querido Venadetti, descansa con los de tu estirpe

Apenas hace unas semanas, tuve la última plática con mi querido Venadetti, mote que le endilgué en aquellos lejanos años en que despuntaba como poeta iconoclasta, fundí su “Venado” con el apellido del uruguayo, para darle reconocimiento a su rango, alias que al principio no le gustó, empero posteriormente me dio el privilegio de ser el único que le llamaba así.

Traíamos el luto reciente por la partida de su hermano Oscar Herrera, compartimos el dolor de la horfandad del querido amigo y hubo un momento en que se quedó pensativo, se le cuajaron los ojos y de manera inopinada me dijo como si no representara nada la frase “un día déstos lo alcanzo..” a lo que de inmediato le dije: “épale Venadetti, de ninguna manera cabe tu fatalismo..”

Y mira, se fue como si en su último acto en esta vida, sin querer nos deja un cuadro bucólico, un pasaje de alguna de las novelas del Gabo admirado; ahí en una jardinera de la plaza principal, su corazón generoso y sibarita dejó de latir, deja a Tepic sin su figura, sin el personaje necesario para esta ciudad macilenta  en que se había convertido.

Hizo del ocio creativo su nueva profesión, su primer oficio de reportero lo fue enriqueciendo cultivando todos los géneros del periodismo contestatario del poder, lo llevó en su madurez a estudiar los hitos históricos de Nayarit y de su ciudad capital.

Ahí, entre los culturosos de Tepic, se movía a sus anchas, en eventos de todo tipo, compartíamos la vitriólica crítica para desnudar facetos, a los vividores de las becas y del halago al gobernante en turno; hizo muchas cosas buenas en su vida, y de cara ante la muerte física, en aquella plática sobre la ida de Oscar, le compartí mi visión sobre el final de la existencia.

Le dije a Venadetti, que de todas las religiones, me quedaba con la tibetana, y le narré los aspectos sustantivos de su libro de la vida y de la muerte, en donde preconizan que debemos llegar al final de nuestra existencia, no derrotados, sino jubilosos por haber cubierto la jornada que nos correspondió y el final, tenemos que verlo como la parte gloriosa de la vida.

Hablamos del “dharma” del singular determinismo de las religiones orientales, y de lo poco que la gente estudia para prepararse y llegar con entereza al trance final.

Esa media hora que platicamos, lo vi sereno y melancólico, un tanto inconforme con sus achaques, la diabetes y lo difícil de la existencia cuando se carece de una seguridad social. Lamentamos no tener la oportunidad de platicar mas seguido, como antaño en una buena cantina y con buenos tragos.

Empezaba la tarde y estaba metido en ese incómodo aparato ahí con Coraminas, el ruidajo de la resonancia magnética me hizo concentrarme en lo que me depara mi tiempo entrando a los setentas, llegando a casa del celular brotaron a borbotones la información del deceso y las decenas de condolencias, de fotografías con todos ellos que lamentaron la inopinada muerte de nuestro querido amigo Venadetti.

Lo confirmé con su protector y el mejor amigo, Toño Herrera que apenas podía dar crédito al deceso “discúlpame, pero me siento de la chingada…” terminé la llamada y me quedé en silencio, sin apetito y con ganas de echarme un wisqui doble en las rocas.

Bernardo Macías, mi querido Venadetti parte con blasones al eterno oriente, y me duele en el alma su partida, llegará ante los dioses buenos con esa sonrisa pícara, sus impertinentes preguntas y los socarrones comentarios, propios de aquella dimensión ignota.

Deja un hueco entre sus amigos y conocidos, a mí me queda otro espacio vacío que difícilmente podré llenar, y no, no me tomé ese wisqui, me embarga esta tristeza ácida, ese difícil sentimiento obligado para asumir la impresencia de nuestra existencia.

Y esta ciudad, ya no será la misma sin su cronista generoso, lo que no le dieron los gobiernos estatal y municipal, se le dieron sus amigos y conocidos; y ya no podré disfrutar el análisis cabrón que hicimos del poema “Andrógino” ante los puristas nervianos que negaron los visos de la bisexualidad del poeta que le ha dado su patronímico, a este Tepic que dormirá triste y que amaneceremos incrédulos ante la inopinada partida de nuestro querido Venadetti…

Querido amigo, que el viaje te sea leve..!

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