«EL CHÉ» RIVAS

Luis Ignacio Palacios 24/06/2018 Comentarios
«EL CHÉ» RIVAS

Desde el primer día en que nos conocimos, septiembre u octubre de 1974 -el escriba ganaba el campeonato estatal de oratoria del CDE del PRI- José Manuel Rivas Allende, me prodigó una generosa amistad; siempre fue un hombre que me defendió ante los dicterios y la maledicencia de tartufos que mi incursión en la clase política local produjo, muchas fueron las jornadas que protagonizamos en aquella epopeya de la campaña del candidato Rogelio Flores Curiel.

Sibarita y mujeriego de los buenos; esmirriado en su juventud, sólidas convicciones y vehemente en sus argumentaciones; en varias ocasiones al calor de las copas le dije «eres un auténtico españolete.., solo te falta el Antonio del primer Rivas que llegó a estos lares..»

Y me refería a José Manuel Antonio Rivas Ríos, quien procreó con su esposa Ana María Faustina Góngora Andrade a Carlos Rivas Góngora, nacido en Tepic en 1816. De niño y adolescente como todos aquellos que nos torcíamos algún tobillo, codo, hombro, fui tratado por Don Manuel, sobador generoso que se sentaba en una mecedora de madera fina y cuero de puerco a un lado de su escritorio en la mueblería que tenía en la calle de Lerdo.

Allí me llevó mi abuelo -José Beas- le hablaba de tú a Don Manuel, quien con el aceite de olorosas yerbas me sobaba el pié; con su infaltable puro, el oloroso aroma me distrajo y casi fue imperceptible el dolor cuando me acomodó el tobillo; allí, vi a una niña -su nieta y sobrina del Ché- de ojitos claros, rubita, carita de cuchara de flan, flaquita, de la que estuve enamorado toda mi vida de estudiante.

En la campaña del caudillo Emilio «eme» González, Antonio Pérez Peña traía la candidatura a la presidencia municipal en Tepic en la bolsa, era un reconocimiento a su militancia del CEN, y a su labor como presidente del CDE en el gobierno de Flores Curiel; sin embargo, en un ejido de Santiago Ixcuintla, el entonces candidato dijo enfático que en el PRI «no hay candidatos tapados..! los escoge el pueblo y yo lo avalo..» el Ché Rivas, llegó sudoroso a la gira, ya andábamos en Tecuala, y Emilio me manda a uno de sus ayudantes para que le reproduzca el audio de su discurso.

En la campaña del caudillo, tuve la responsabilidad de la crónica de la campaña, aún conservo decenas de casetes con las grabaciones de los cientos de discursos que dijo Emilio; cuando le puse el discurso que dictaminaba el candidato a gobernador que la candidatura a presidente municipal de Tepic, la iba a decidir la militancia, el Ché me abraza y me dice: «ya chingamos Palacios..! en consulta a la base no me la ganan..»

Y no se la ganaron, Pérez Peña tuvo una candidatura de consolación y se sumió en un inexplicable ostracismo desde entonces, extraño en un hombre tan culturizado como él.

El Ché, fue un presidente municipal que hizo mucho por la ciudad capital, con lo que los escasos recursos de entonces lo permitían; su jefe de policía municipal, en la cárcel preventiva de la avenida Victoria, tenía la instrucción de tener unos pomos de ron y tequila para darle un trago a los presos por las mañanas, cuando las crudas les hacían estragos, muchos se lo siguen agradeciendo.

Tuvo José Manuel muchos atributos en su personalidad, empero, a criterio del escriba considero que su mejor legado, en su diletante y esforzado tránsito por la vida, fue haber hecho de su existencia una congruencia permanente; defensor a ultranza de nuestro sistema político, sabía de las reglas no escritas; nunca negó su poligamia, generoso hasta el extremo con sus hijos; era, fue de esos hombres labiosos que en unos minutos sabía seducir a la más reacia de las hembras.

Le conocí muchas, algunas veces competimos por alguna, y sin embargo nunca tuve un desacuerdo o disputa con el amigo generoso que hoy partió al eterno oriente. Hombres como el Ché Rivas, ya no hay, no nacen; gente como él, tiene en su persona la herencia acumulado de una progenie cuya existencia no se puede separar con ese Tepic del siglo XIX y XX.

Otilia, la sempiterna secretaria particular de gobernadores, cuando a media noche, el gobernador Emilio reclamaba la presencia del presidente municipal, le preguntaba al caudillo que a dónde le llamaba «¿canal uno, canal dos…?» el gobernador nada mas sonreía socarrón y le daba un número de teléfono y le decía a Oti, «no sé en qué numero va, pero aquí de seguro lo encuentras…»

Personajazo mi Ché..! sus hijos y nietos llevarán la grave responsabilidad de hacer honor del apellido que les heredó; me quedo con todas las vivencias compartidas, hoy con su impresencia descorcho mi mejor tinto -un gran Ricardo de Monte Xanic- para escanciar copas en honor a mi amigo, que estoy cierto, lo dioses buenos lo reciben con un buen trago y lo llevan del brazo unas féminas exquisitas a ese sitial que tienen en el eterno oriente este tipo de hombres, que fueron normatipos en su vida.

Salud mi Ché..! que haya sido leve el tránsito al eterno oriente, pasaste la laguna Estigia platicando festivo con Caronte…!

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