EL OCASO DE LOS PARTIDOS POLÍTICOS

Luis Ignacio Palacios 10/07/2016 Comentarios

El asunto es que ya no existen “reglas no escritas” de facto, en el Partido Revolucionario Institucional, sus viejas reglas se han impuesto en la medida de la necesidad que los procesos políticos plantean a quienes se encuentran en el ejercicio del poder; los obvios alcances de las disquisiciones del escriba, se dimensionan en el proceso previo al año electoral de la entidad, que le interesa a la sociedad.

Desde hace dos lustros o un poco más, por obra y gracia del caudillismo que irrumpe desde la presidencia municipal de Tepic, desaparece el Pri tradicional; se difuminan las estructuras horizontales, se terminan los mandos de sectores, por la tradicional abyección del priísta, obsecuente a lo que le ordene el jefe político a quien le debe sumisión absoluta el presidente del Cde y su secretariado.

Al carecer de prácticas democráticas internas, el priísmo de Nayarit, ha desaparecido en dos sexenios cuyos gobernadores poco o nada se han preocupado por su subsistencia, abandonando uno de los principios vitales que le pueden dar a los partidos políticos, abrir espacios a los nuevos cuadros para dotarlos de una existencia verdadera fuera de ser el hermano siamés del gobierno en turno.

La tradición implicaba la cooptación inmediata de las voces disidentes, el gobernador como eje de control y dador de concesiones a las pocas voces insumisas de la gente del tricolor; hoy nadie se atreve a alzar a voz en contra de las inclementes condiciones en que se encuentra el Pri en Nayarit, con enorme desprestigio ante la sociedad, con una sensible disminución de su militancia y con cada día menos base social, y nulos contingentes de simpatizantes.

Este es, el cascarón que va a enfrentar el tiempo de la sucesión gubernamental; que no es la misma estructura de 400 personeros del gobernador, que los tiene empleados en toda la estructura del gobierno y entidades afines, los responsables de la operación del programa Prosa, a cuyos beneficiarios los mantienen como la base mínima de votos en algunos municipios; este es el patrimonio electoral que el bloque del poder tiene para enfrentar el proceso sucesorio.

Los aspirantes a la nominación, los únicos con experiencia y conocimiento real del tricolor y de sus procesos, Manuel Cota y Raúl Mejía, están asustados y sorprendidos por la tozudez y contumacia del bloque del poder actual, el desdén por los acuerdos, el no abrir los espacios en el secretariado,  el sumergirse en sí mismos, es la mejor receta para verse avasallados en las urnas, a menos que puedan comprar la victoria en condiciones oprobiosas, con los representantes de las oposiciones, como ha sucedido con anterioridad.

EL QUE HACER

Resulta la mar de difícil toda acción que pueda recomponer la estructura tradicional del Pri en la entidad; careciendo de cuadros en los municipios que sean capaces de mover a su militancia desdeñada, a todos aquellos militantes que se autodenominan “históricos” frente a los advenedizos del poder, que sin experiencia y militancia llevaron el ejercicio de la política a su terreno más pedestre, con el desprestigio consustancial que genera el impune ejercicio patrimonialista del poder.

Pocos ejemplos pueden ser paradigmáticos como la presidencia municipal de Bahía de Banderas que llevó al priísta encubierto de panista, y una vez en el poder, Rafael Cervantes, demostró que el robo descarado de los recursos públicos y los empréstitos sin freno alguno, puede llegar a los extremos de ignominia sin que se le haya tocado un pelo ni con la mínima de las observaciones del órgano fiscalizador.

De ahí el porqué, ante el agotamiento de la política partidaria, la política gubernamental no se distingue del activismo partidario, gobiernos que solo trabajan para los intereses de su base social.

Y así, los aspirantes del mismo Pri, de los sin partidos como Miguel Angel Navarro, e incluso con el panismo vergonzante de Toño Echevarría, se han dedicado a la organización de los ciudadanos, fuera de los partidos, porque éstos son espantajos de muertos insepultos, con el fétido olor de la corrupción y de la impunidad que ofende la dignidad e inteligencia de los ciudadanos.

La cuestión que le es inherente a esta condición tan inconveniente para el manejo de las ideas políticas, frente a tan pueril pragmatismo, es que el reduccionismo ideológico, unido a la latente inconformidad social, nos origina corrientes de populismo, aparece el caudillismo iluminado, que, exacervando los odios y corajes políticos, se convierten en los instrumentos de desestabilización social y que llegado el caso del arranque del proceso sucesorio, pueden desestabilizar la gobernabilidad que está cimentada en la contención de los grupos delincuenciales.

Nayarit, al igual que muchos otras entidades de la república tiene estas condicionantes que hoy son las que impone el quehacer político; la ausencia de partidos en el sentido lato de la palabra, con la existencia de pequeños grupos de poder que mantienen sus dirigencias en un puño, violando toda norma que regula su existencia; determinan la procedencia de las organizaciones ciudadanas en torno a un proyecto de persona que trae intrínsecamente la capacidad de convocatoria y los valores morales que un político requiere para enarbolar una candidatura a gobernador del Estado.

Estamos ante el ocaso de los partidos políticos; la vieja ortodoxia es infuncional y los políticos actuales, de todos los partidos, no hallan explicaciones ni asumen de manera trascendente esta imperativa condición.

Es la etapa de los ciudadanos, hemos de ver hasta dónde puede llegar su organización para la sucesión del gobierno del Estado.

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