PEDRO ANTONIO, EL JUSTICIALISTA

Luis Ignacio Palacios 11/01/2016 Comentarios

Cuando se es un jurista, en un contexto socio cultural como el nuestro, al haber estudiado la dogmática del derecho judicial, la visión se ensancha, se vuelve grandilocuente y hay una visión generosa, de moral y ética públicas que deben (he ahí el imperativo categórico kelsiano) asumir quienes ejercen en nombre del Estado la actividad jurisdiccional; esto pasó ayer, cuando el magistrado presidente del TSJ Pedro Antonio Enríquez disertó ante los servidores judiciales, en el homenaje mensual que llevan a cabo en la explanada de su edificio.

En efecto, con la aún dinámica social que prevalece con el inicio del nuevo año; los buenos propósitos siguen expresándose en las instituciones; el orador recreó los legítimos deseos de salud, parabienes y entusiasmo en la existencia y en el trabajo de todos aquellos que laboran en el poder judicial. El acto sirvió para emitir unas cuantas líneas sobre las cuestiones filosóficas del sentido de pertenencia al poder judicial.

Recordó el magistrado presidente que su “responsabilidad social es ser árbitros del conflicto en una sociedad democrática, (que) es una tarea que asumimos como forma de vida. Es un apostolado que debe acompañar nuestra vida cotidiana y honrarla todos los días con nuestras acciones”  menudo lío en que metió a sus pares con este aserto, porqué en la misión de juzgar hoy no se aprecia este ejercicio “con decoro, honradez, humanismo y compromiso social”.

Pedro Antonio sacó las líneas filosóficas de Angel Osorio y Gallardo, aquel abogado argentino –demócrata cristiano- autor del librito “El alma de la Toga” donde esclarece los perfiles morales y justicialista del Abogado litigante, que no es el libresco licenciado en derecho que no tiene los atributos para la función jurisdiccional.

Un tópico de enorme trascendencia les hizo ver Enríquez Soto en su alocución; en una sociedad como la nuestra, los desencuentros de los actores sociales, “encuentra el equilibrio en nuestros jueces, por ello nuestra responsabilidad es vital para un estado democrático..” porque “solo con un sistema judicial confiable y capaz pueden garantizarse los derechos de las personas..”

Les recordó –dado que el derecho es una ciencia dinámica en constante cambio- que “los jueces no podemos permanecer inmóviles al cambio social..” puesto que no son ajenos a las transformaciones de la sociedad; el papel del juez “es darle estabilidad a la ley..” y tuvo la inspiración de cerrar el párrafo con esta espléndida frase: “para hacerlo, debe saber que la ley es como el águila en el cielo, solo es estable cuando se mueve..”

LOS DERECHOS ESTÁN EN TODAS PARTES

Al recordar que son jueces continentales, con las trascendentales reformas del artículo 1° de la carta magna, les recordó a sus atentos escuchas que “nuestra responsabilidad es hacer de los derechos instrumentos para la paz, para la convivencia armónica, para limitar a los fuertes y empoderar a los débiles…., los derechos están en todas partes, lo que se ocupa son defensores..!!!”

Habló de los propósitos de la ley, de la independencia de los jueces y de los compromisos que en el poder judicial se construyen a diario; la obviedad lo ameritaba, al expandir la función jurisdiccional en materia penal, señaló la mutación de paradigmas; así como el trabajo en ciernes de transformar la justicia familiar, anunciando el envío próximo de la iniciativa de ley para transformar el proceso y (es lo deseable) que se troque en un sistema adversarial y por ende oral con las características de concentración, continuidad, contradicción, publicidad e inmediatez.

El magistrado presidente, hizo una emotiva convocatoria a todos sus pares, a jueces y a todo el personal para “honrar nuestro trabajo, a renovar los ímpetus como desde el primer día en que emprendimos el camino de la justicia, a saber que nuestro trabajo transforma y protege la vida de seres humanos”

Habló de la llaga de la sociedad cuando se enfrentan a burócratas que no atienden con prontitud y urbanidad a los justiciables:

“Los convoco a servir con respeto, a tratar a la gente que acude con nosotros con angustia, con desesperanza y dolida por la injusticia, con dignidad, amables, con una sonrisa que les vuelva el aliento y sientan que llegan a una institución con rostro humano..”

Sin duda, este es el discurso de un académico, Pedro Antonio se recluyó en el valor intelectual de quien sabe diseccionar el derecho judicial y asumió la función que le corresponde a su magistratura, dar rumbo, señalar compromisos, ponderar la validez moral y el humanitarismo que debe de prevalecer permanentemente en el trabajo cotidiano de juzgados y salas de apelación.

Para criterio del escriba, faltó un poco la autocrítica y señalar con la espada flamígera que le corresponde como presidente del TSJ, a los corruptos y a los traficantes de las sentencias; decirles a los jueces y magistrados que tienen sus litigantes particulares, que con el nuevo sistema penal, mercantil y en breve el familiar, es indignante y un oprobio sus prácticas; y avisarles que al que se le encuentre metiendo mano desleal a la justicia tendrá su merecido.

Esta es la asignatura pendiente; y si Pedro Antonio Enríquez desea trascender de deveras, es un tema que no debe eludir; en el poder judicial no todo es miel sobre hojuelas, hay indignidades y ambiciones desatadas..

Contacto.- cronicaslip@gmail.com

 

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