MIGUEL MADERO, EL CRÍTICO GUBERNAMENTAL

Luis Ignacio Palacios 10/11/2015 Comentarios

En la comunidad universitaria de Derecho, en el poder judicial, en las organizaciones de abogados, se le considera con justeza uno de “las vacas sagradas del derecho constitucional” desde su cómodo sitial en el Congreso del Estado, hace lustros, inició su proyectiva intelectual, a la par que estudiaba post grados, investigó todas las raíces de nuestro texto constitucional.

José Miguel Madero Estrada, ha elaborado numerosos libros y ensayos, prontuarios y demás de esta importante rama del derecho público; docente en la UAN, ha sido forjador de muchas generaciones, de las cuales, se destacan hoy varios Abogados que están ya, en importantes posiciones en la Fiscalía y el poder judicial.

El lunes anterior, le correspondió ser el orador en la ceremonia mensual que el TSJ organiza para rendir honores al lábaro patrio y hacer una necesaria relación de los eventos que corresponden al calendario cívico; circunstancia desgraciada e inexplicablemente incumplida por el poder ejecutivo, desde el sexenio anterior en que el sátrapa impuso esta inopinada moda.

Contra su fama pública de sobrio, institucional y respetuoso del poder público; el magistrado Madero, leyó un espléndido documento de su autoría, en el cual, con el pretexto de hacer “algunas reflexiones sobre la impartición de justicia y los valores éticos que ella se sustenta en una sociedad democrática”, elaboró una serie de atinadas y duras críticas sobre los poderes públicos y su actual contexto.

En defensa de sus pares, señaló antes que la independencia judicial, debe entenderse como “la actitud que debe asumir el juzgador para ejercer la función jurisdiccional, solo desde la perspectiva del derecho” y añadió que “la principal manifestación de esa independencia es la actitud del juzgador frente a influencias extrañas al derecho…, provenientes del sistema social”.

En este análisis dijo que los operadores políticos del legislativo y del ejecutivo, al debatir el gasto del poder judicial “suelen creer en ocasiones que somos un simple edificio burocrático…” y de manera pudorosa aventó el dardo: “no obstante que los moradores de la casa de la justicia no somos quienes ocasionamos inquietudes a los inocentes, ni zozobra a las víctimas, ni prestamos seguridades al crimen”.

Hizo una clara admonición “la impartición de justicia, es un pilar básico en la construcción de la democracia”, en un país democrático “no puede coexistir una justicia mal impartida, corrompida y parcial, llena de intrigas y sospechas”.

PROPUESTAS

José Miguel Madero, estaba cómodo en el atril del poder judicial, supo aprovechar esta oportunidad para dejarnos ver no solo lo talentoso y erudito que es, sino que también tiene una clara visión del Estado en que vivimos, dijo que “la democracia se ha reducido a un entorno meramente formal para elegir gobernantes, con presupuestos exuberantes y escasa rendición de cuentas”.

Señaló las deficiencias crónicas del aparato de justicia (presupuestos escasos) y dijo que están atentos a escuchar las críticas como operadores de justicia “como una obligación para el ejercicio de las libertades; las críticas deben hacernos más fuertes y no por el contrario, cerrar las puertas con enojo o molestia ante cualquier opinión que cuestiona a los miembros de la judicatura”.

Defendió la honorabilidad y la rectitud de la inmensa mayoría de los servidores judiciales “hagamos lo necesario y vital para demostrar que quienes aquí laboramos, no tenemos como función recibir un sueldo para hacer proselitismo político a favor de personas, partidos o grupos” y para cerrar este párrafo se aventó el letrado esta perla “resolvemos los conflictos, sin ser partidarios intransigentes de ninguna idea política, gestores o promotores de ningún interés, ni tenemos por qué basar nuestro prestigio promoviendo fama e imagen públicas con cargo al erario judicial”.

A los poderes legislativo y ejecutivo, así como a los Ayuntamientos les dijo que responden a funciones populares, políticas; en cambio en el poder judicial “se debe atender a los principios éticos y evitar todo tipo de comportamiento que refleje partidarismo político, favoritismo, predisposición o perjuicio y aquello que comprometa la imparcialidad. A nadie interesa un juez aislado socialmente, desconocedor del contexto en que se desenvuelve su función”.

Y firme en su dictum José Miguel dijo que “La independencia judicial tampoco existe bajo sospecha ni simulación. La relación con el poder político, franca y directa, debe ser un acto de valor y convicción”.

Demandó reformas al estatuto iusfundamental y pidió a sus pares contribuir a poner al día los principios éticos del juzgador; proponiendo un comité de jueces para dirigirles consultas que reclamen respuestas ágiles “para incentivar el funcionamiento del despacho judicial en beneficio de los usuarios de la justicia”.

Y culminó su excelente discurso señalando que ante los insultos y descalificaciones el juzgador, responde “Con reciedumbre, evitando conceder ventajas o privilegios. En caso de que exista alguna cuestión que comprometa la imparcialidad, la ley obliga a abstenerse de intervenir en el negocio, los cánones de ética exigen la máxima prudencia..”

Y para gusto del escriba, inmejorable su párrafo final “los jueces, al dictar los fallos, generamos confianza colectiva, porque las sentencias no sólo son piezas formales del ordenamiento jurídico, son un vehículo social para construir un espacio de convivencia y paz”.

Este discurso debe ser leído por el gobernante, por todos los diputados y los principales líderes de partidos políticos, por los estudiantes de Derecho; es un haz de luz para que reflexionen en el ejecutivo y en el judicial, de las graves carencias presupuestales que tienen, y la angustia que viene ante la implementación de la reforma penal en el 2016.

Bien por nuestro amigo..! así se habla…

Contacto.- cronicaslip@gmail.com

Interactúa con el autor, deja un comentario u opinión »

Ir al contenido