¿ERES CORRUPTO..?

Luis Ignacio Palacios 03/06/2015 Comentarios

Son variopintas las figuras que en el inconsciente colectivo de nuestra sociedad se tienen reconocidas como acciones de corrupción; se aparece en todas nuestras transacciones: en el pago de servicios supuestamente gratuitos como la recolección de basura, en el diezmo cobrado a los trabajadores de una dependencia, en la liberación de un delincuente a cambio de una paga, en la asignación de un proyecto de infraestructura que debió ser licitado.

En el desvío de recursos de la federación etiquetados para equipar a la policía o las aulas de las escuelas, para una obra de infraestructura, recurso que se van a las campañas políticas.

Se conocen algunas de sus causas pero no se ha logrado comprender como se concatenan para constituir un modo de vida; sabemos que tiene consecuencias negativas en el crecimiento pero la dejamos operar. Daña la economía familiar de los más necesitados, profundiza la desigualdad social.

Sabemos quienes son sus actores, los identificamos cuando la cometen pero los premiamos con puestos de gobierno y aún con un lugar privilegiado en la sociedad; se elaboran leyes para erradicarla pero son inútiles, todo mundo la condenamos pero al final mucha gente la justifica.

Se trata, claro está, de la CORRUPCIÓN, que tal cual lo define transparencia internacional es el abuso del poder público para beneficio privado.

Como la gente lo percibe, son  muchos los comportamientos que encierra el concepto que a la hora de denunciarla la interpretación de si la conducta en cuestión constituye o no un abuso del poder público para beneficio privado, puede ser elusiva.

Y lo que tenemos en México abruma, porque el marco jurídico no ha logrado tipificar con precisión las conductas delictivas. Si definir a la corrupción resulta un ejercicio complejo, medirla lo es aún más. Para descubrir un acto de corrupción que por definición busca ser encubierto requiere, además de voluntad, de recursos y capacidades de investigación importantes que desde luego no lo tiene Juan Pueblo, o las ONG´s que se interesan en el tema.

Pero el fenómeno no solo se genera en las acciones del sector público, por igual en se dan en el tejido social, que parte desde la idiosincrasia del mexicano, el ladino, el gandul, el que se solaza con la engañifa, el mexicano, en las mediciones internacionales, es proclive a propiciar la corrupción y ser en sí mismo corrupto.

COMO MEDIRLA (*)

La corrupción tiene como uno de sus factores de existencia, la opacidad y la secrecía en cada evento que se produce, por ello, las instituciones internacionales, más que medir y contar los actos de corrupción, lo que hacen es aplicar encuestas a los ciudadanos, en eventos con la presencia de expertos del tema, para que desde sus sitial de intelectuales nos digan el cómo de aprecian los niveles de corrupción de tal o cual país.

Este tipo de mediciones parecieran que nos muestran una idea aproximada de con cuánta frecuencia se producen los actos de corrupción, su incidencia tiene a ser mayor, en la medida en sea mayor el nivel de la corrupción que perciban los ciudadanos y los expertos en el tema.

Existen varios indicadores que son reconocidos a nivel internacional; estos permiten sistematizar la información que se recaba, tratan de darle un seguimiento del cómo evolucionan los actos detectados; y desde luego este esfuerzo, desde el punto de vista metodológico es imperfecto, y he aquí el problema, porque estas instituciones toman como válidos estos datos y los sistematizan para darle seguimiento, conocer el cómo evolucionan y cómo este fenómeno entra en la agenda de las políticas públicas de los gobiernos.

Existe un indicador, es el más aceptado y citado en el estudio de la corrupción a nivel mundial, es el Índice de Percepción de la Corrupción (IPC) elaborado por Transparencia Internacional, cuya metodología permite comparar desde 1995 los niveles de percepción de la corrupción de más de 170 países. Cada país obtiene una calificación de 0 a 100 donde 0 es altamente corrupto y 100 es muy limpio (ausencia de corrupción).

El caso es, que los resultados del IPC revelan que la corrupción es un problema de alcances globales aunque sus niveles son muy dispares. El último mapa elaborado por Transparencia Internacional, con los resultados del IPC del año 2014 en 174 países es bastante ilustrativo, como país menos corrupto con una medición de 92, aparece Dinamarca, le siguen Nueva Zelanda con 91, Finlandia 89, Suecia 87, Suiza 86.

En el extremo México con 35, y antes que nosotros, Grecia con 43, Italia igual con 43, Turquía 45, y pues hacia arriba con menor percepción de países corruptos están todos los medianamente desarrollados; datos que desde luego no contribuyen al necesario optimismo que requerimos para vivir en un país como el nuestro; ahora, de cara a las elecciones del domingo, caro lector, piense en aquellos que tienen fama pública de corruptos y vote en consecuencia.

(*) Datos tomados del ensayo de María amparo Casar: “México anatomía de la corrupción”

Contacto.- cronicaslip@gmail.com

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