LA GUERRA DE LAS ENCUESTAS

Luis Ignacio Palacios 01/06/2015 Comentarios

En la Asociación Mexicana de Agencias de Investigación de Mercado y Opinión Pública (AMAI) establece que la piedra angular de la investigación aplicada son la confiabilidad y la credibilidad, con ello constituyen la base de la relación entre el generador de información y el usuario de la misma, que normalmente son los partidos políticos o candidatos en campaña en pos de un puesto de elección popular,

Uno de los retos más grandes de esta actividad, es el de asegurar, particularmente en la investigación electoral, la credibilidad; desde hace ya 20 años, la AMAI planteó la necesidad de establecer normas de calidad y mejores prácticas en el campo de la investigación de mercados y de opinión pública; ellos están en el ojo del huracán en cada periodo electoral, porque los partidos y candidatos que los contratan, han pervertido el fin y objetivo primordial de toda encuesta, que, desde luego no es un pronóstico electoral.

Sí, no son un pronóstico del posible resultado electoral, son un reflejo instantáneo, que mide las futuras preferencias electorales.  Las encuestas se han convertido en un actor estratégico de las elecciones en México, sin embargo, esto no se traduce en que incidan en la decisión final de voto entre los ciudadanos, ya que ello depende de múltiples factores fuera del alcance de los ejercicios de investigación.

Tenemos que percatarnos, el futuro elector que en sentido estricto, las encuestas funcionan para determinar estrategias, por ello son utilizadas por los partidos políticos para promoverse, tomar decisiones o emprender acciones tales como la elección de un candidato.

Y para que una encuesta tenga efectos sobre el resultado de una elección, el estudio tendría que ser conocido por gran cantidad de los electores, influir efectivamente en su decisión y que el efecto fuera en el mismo sentido, estas condiciones se antojan prácticamente imposibles en un sociedad que construye la democracia política como la nuestra, en donde los resultados de las encuestas son rechazados por una inmensa mayoría del electorado.

¿Cómo se mide el voto en una encuesta? La medición del voto en una encuesta se basa calculando la preferencia de los ciudadanos por un partido político, luego por un candidato, a lo que se suma la probabilidad de que el entrevistado acuda, efectivamente, a votar el día de la elección.

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Tiene conocimiento el escriba de tres encuestas que han realizado, el Pan en el tercer distrito, el Pri en el primero y segundo y una tercera que lleva a cabo una empresa particular de la entidad, que tiene experiencia en estos menesteres; ellos al sumar medidas de preferencia y probabilidad, los encuestadores pueden producir una estimación del resultado con base en el electorado probable.

De esta manera, apreciamos que en el primer distrito, prácticamente todos los contendientes dan por sentado que será ganado por el candidato del Pri; y en el segundo, se dará un resultado de tres opciones, que, de aplicar su consabida estrategia de movilización electoral, el ganador sería el candidato tricolor Gianni Ramírez por un margen de dos a tres puntos porcentuales.

En el tercero, conforme lo evalúa esta empresa, la candidata del Pri Jasmine Bugarín, prácticamente alcanzó a Heriberto Castañeda abanderado del Pan, y el resultado es impredecible, porque la resolución dependerá de la capacidad de movilización de los electores que lleven a cabo los partidos el día de la elección.

Hoy, en la cueva del Pri-gobierno, al parecer están limitándose para echar las campanas a vuelo, para ellos su diferencial anda en los diez puntos, lo cual puede resultar una exageración, dada la volatividad de la orientación del voto, lo impredecible de la respuesta del voto del odio, de aquellos enojados con los operadores del gobierno que, siguen sin entender su contumacia, pese a la contundente derrota que les pusieron en la pasada contienda por la presidencia municipal de la ciudad capital.

De las encuestas, pocos han reparado en el grado de abstencionismo que se dará el próximo domingo; el escriba, con su magra experiencia ha calculado que del padrón electoral votará un 43 % o 45% por ciento de ciudadanos; otros periodistas y enterados del marketing político me han señalado que como nunca tendremos una abstención con una votación del 35% del padrón, lo cual sería un soberano mentís al gobierno, a los partidos y a sus candidatos, el hartazgo del elector en su máxima expresión.

Recordemos que las encuestas políticas se crearon con el fin de conocer las necesidades de los votantes. Con el tiempo, se convirtieron en indicador persuasivo e instrumento de confianza en las contiendas electorales. Este último aspecto, frente al alto consumo y uso de parte de los candidatos políticos, asumió un costo particular: la escasa credibilidad de las encuestas, provengan de donde provengan. Esta situación responde a que el político es considerado un producto y la comunicación política en una red de mensajes cuyo propósito es captar el mayor número de votantes.

Aún muchos candidatos creen que la gente se cree todo lo que se publica, se oye y se ve. ¿Ingenuidad? Los comunicadores no podemos olvidar que todo mensaje será creíble en la medida en que nuestros receptores (la población) quieran creer en ella. Si no se toma en cuenta esto, estaremos ante una interpretación ingenua de la realidad social. Y sin duda, la mejor encuesta nos la dará el resultado electoral.

Contacto.- cronicaslip@gmail.com

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