MADRE MUERTE

Luis Ignacio Palacios 06/10/2014 Comentarios

Recuerdo que, antes de la era digital, leí un librito de una socióloga francesa, que fue al Estado de Guerrero, para hacer una investigación de campo para redactar su tesis de doctorado en una universidad de su país; el resultado fue el texto en comento, con ese título “madre muerte”, nos hace un singular estudio de la propensión del mexicano mestizo e indígena sobre la recurrencia de la violencia a flor de piel, que de continuo desemboca en la muerte del adversario.

Y adversarios se dan en todos lados, en la vida campesina, en los pleitos por la tierra, en los bailes, en la disputa por la mujer ansiada, en las comunidades y ejidos por los dineros públicos; y un largo etcétera; la investigadora en cuestión, se asombraba de la enorme facilidad que desde muchachos, los campesinos de Guerrero siempre traían su machete y lo sacaban para defenderse o para atacar por las cuestiones más nimias, pareciera como si en este contexto se substanciara la sentencia musical del guanajuatense en su “La vida no vale nada”.

En Guerrero pareciera que las reglas culturales son generadas por la violencia; el carácter de su gente, que se sienten orgullosos de su explosivo temperamento, en los oriundos de la región de “tierra caliente” al estudiar su dimensión humana vemos lo arbitrario de su comportamiento social, el desprecio por las leyes que les conmina a una convivencia civilizada, dónde la única violencia debiera ser, la legítima que ejerce el Estado.

Cuando la cultura rural, con resabios del mestizaje, con usos y costumbres ajenos de la cultura urbana, se ha mixtificado; el desarrollo rural inducido por las políticas públicas del gobierno de la república y por las agencias internacionales, se ha empantanado, Guerrero, junto a Oaxaca y Chiapas, es el territorio en dónde han fracasado todas las políticas que subvencionan a sus pobladores.

Cuando el desarrollo se centra en las áreas rurales en las que se pretende mejorar el nivel de vida de su población, a través de procesos de participación local y mediante la potenciación de sus recursos propios, éste se define como desarrollo rural. Al hablar de desarrollo rural evocamos, por un lado, la idea evolucionista y unidireccional de desarrollo del espacio rural y, por el otro, identificamos las zonas rurales como receptoras de un tipo de desarrollo institucionalizado por parte del Estado u otros actores sociales.

Desde la definición de la misma palabra rural, que viene del latín ruralis, de rus (campo), y el término está asociado a la rusticidad; y esta rusticidad es la piel de campesinado expoliado, sus respuestas ante la adversidad y los ataques, son viscerales, la violencia cotidiana es todo un culto a la “madre muerte” en este territorio se posee una dinámica social que debe ser cambiada mediante la modernización; y esto presupone avanzar hacia un estado de perfección abierto al futuro, e incluye quitar aquello que se considera atrasado y, por lo tanto, las prácticas sociales del medio rural tenderán a cambiarse por otras en las que subyace la idea de cambio.

DE LESA HUMANIDAD

Empero, hoy, lo sucedido en Iguala Guerrero es la muestra del rostro crudelísmo de la impiedad mayúscula, de la violencia infinita de que son capaces de hacer quienes han hecho de la delincuencia su profesión. Sucedió en Michoacán, los delincuentes sustituyeron al Estado, ejercieron la violencia para imponer una paz, la pax narco; hay de aquél que pretendiera escapar de ella, no vivía para contarlo; luego sustituyeron a la administración de justicia, y, finalmente, dominaron las principales actividades productivas.

Todo esto, se logró con la complicidad e integración a las policías municipales, ese era el primer paso, luego a las estatales y la convivencia con las agencias federales; en Iguala, la policía municipal, es o era, el narco institucionalizado, vestido con uniforme de la secretaría de seguridad del Ayuntamiento, donde curiosamente su edil José Luis Abarca, entregó la fuerza municipal, al líder del grupo “guerrero unidos” que es…, su cuñado.!

Ni modo, tenemos que decirlo, los políticos perredistas son eminentemente pragmáticos, recordemos a la familia que gobernó Michoacán, hicieron diputado federal (sobrino del gobernador Leonel Godoy) a un incondicional de la “tuta” y el jefe de la banda del morral, Guadalupe Acosta Naranjo, diligentemente lo introdujo escondido en su vehículo para que tomara en su momento protesta como legislador federal y gozara de la impunidad transitoria del fuero.

Las alianzas perredianas con delincuentes, es el nuevo rostro de este partido tan singular.

Mientras el alcalde estaba en un baile, los narco policías, persiguieron a los estudiantes de la normal de Ayotzinapa, que habían secuestrado varios autobuses para irse a la ciudad de México a la conmemoración de la matanza del 2 de octubre; les dispararon y mataron a seis personas, una señora y un joven futbolista entre ellos.

Luego, alcanzaron a uno y los hicieron bajar, se llevaron a más de cuarenta estudiantes, al día siguiente encontraron a uno de ellos, el “chilango” muerto a golpes, y descarnado de su rostro, la tétrica calavera uncida a su cuerpo de la infeliz víctima, anunciaba el  tétrico futuro de los secuestrados; el gobierno estatal, ante el escándalo nacional e internacional, detiene y consigna a 22 policías municipales y detiene a cuatro delincuentes; uno de los cuales, soltó la sopa, informó que la orden para secuestrar a los normalistas fue del secretario de seguridad pública del Ayuntamiento de Iguala.

La orden de masacrarlos provino del jefe del grupo delincuencial, un delincuente que nunca imaginó las consecuencias de su decisión, un tal “chuky”; ante la impiedad mayúscula, la gente azorada se pregunta, ¿por qué esa saña en contra de los estudiantes..? ¿qué malévolos sentimientos de desprecio sobre sus vidas alentó no solo su muerte, sino el diabólico, enfermizo placer para masacrarlos, y calcinarlos..?

Hoy, el gobierno de Enrique Peña Nieto está obligado a ejecutar todas sus facultades constitucionales, e incluso las meta constitucionales, las del poder hegemónico presidencial, para demostrar que en su administración no pueden existir poderes paralelos; no basta el voluntarismo de sus declaraciones de ayer, los mexicanos seguimos esperando que el poder presidencial se afirme de manera contundente; los pueblos sueltos tienden a la impunidad delincuencial.

Colofón obligado, los Edgar Veytia no se dan en maceta…

Contacto.- cronicaslip@gmail.com

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