ADIOS A UN BUEN AMIGO

Luis Ignacio Palacios 10/01/2014 Comentarios

José de Jesús Hernández Guillén, fungía como Oficial Mayor y Administrador del gobierno de Roberto Gómez Reyes cuando tuve a bien conocerlo; recién ingresado el escriba a la administración como asesor del gobernante, estuve en sus oficinas para tramitar la compensación autorizada a mi exiguo ingreso de entonces. Fui testigo de un singular rasgo de su personalidad, asumía que era cicatero en grado extremo y más aún, cuando se trataba de los recursos públicos.

Posteriormente me lo dijo, que le causó cierta curiosidad el desparpajo con que me conducía al solicitarle que cumpliera puntual la instrucción de Don Roberto, “nada de valores entendidos..” le había dicho; gozaba de la absoluta confianza del entonces gobernante, y era él, quizás junto a Héctor Velázquez, los únicos funcionarios de su gabinete que los trataba con respeto y comedimiento, nunca supe que fueran depositarios de las durísimas filípicas que de continuo les endilgaba a otros miembros de su gabinete, como a José Luis Béjar o Salvador Iñiguez.

Era en ese tiempo, un hombrón muy fuerte, musculado, su carácter muy sanguíneo, sibarita y dionisiáco de los buenos, paulatinamente, me demostró que era ante todo un hombre íntegro, muy acorde con los hombres del gobierno y priístas de aquel entonces, estamos hablando de los años setentas del siglo pasado, buen amigo, con el compartí muchas y excelentes sesiones de bohemia, con todo lo que ello implicaba en los escenarios de aquellos días.

Un día, en una de esas expresiones festivas, cometió un exceso en un instrumento musical de mi propiedad; posteriormente, me ofreció una disculpa –que no era necesaria- y me compensó de manera generosa; entiendo que visualizó la manera en que me conduje, con respeto a su persona y a los hechos festivos.

Pepe Hernández Guillén, fue un empresario exitoso por varias razones, su cercanía al poder y a los gobernadores, pero antes que nada a su dedicado tesón de emprender las cosas con todas las ganas, no era una persona que se condujera con medias tintas, todo era arrojo, calidez y una exigencia permanente; para sus trabajadores, para sus amigos de confianza.

La vida pública le dio satisfacciones y reconocimientos; en este año anterior, platicamos largo y tendido del actual escenario, ratificó su calidez a mi persona y sus coincidencias a mis escritos; era Pepe, quizás el último de los políticos del siglo pasado que con su bonhomía dejaron constancia de que antes que nada había que ser decentes para abanderar pueblos.

Preocupado estaba porque las nuevas generaciones de políticos fueran tan pueriles y con afanes cortoplacistas.

Hace unos cuantos años, llamó a su fiel amigo y antiguo colaborador, Armando Gómez Chávez para que le reordenara algunas cosas de sus finanzas personales; era tan generoso con sus amigos y familiares que tenía regados sin regularizar varios millones de pesos; y dio instrucciones para que esto no les causara molestias a todos aquellos que fueron favorecidos por su persona.

Platicamos de varios proyectos personales, quería hacer una especie de memoria o anecdotario de todo lo que vivió en lo público y en lo privado, en donde el escriba iba a participar como compilador; su salud comenzó a crearle problemas y ayer por la mañana me sorprende la noticia de su deceso; hacía unas semanas le pregunté a Gómez Chávez, del como seguía, y con el rostro preocupado me dijo que estaba siendo atendido.

Hombres como Pepe Hernández Guillén, son normatipos a lo largo de su existencia, bien por el Toro González Curiel que le hizo el homenaje en el cabildo, merecido responso de una ciudad a la que Pepe se entregó de manera generosa.., desde este espacio y en nuestros comentarios le hemos dicho que su camino hacia el eterno oriente le sea leve….

Contacto: luisi48@prodigy.net.mx

 

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