¿Y LOS NUEVOS CUADROS..?

Luis Ignacio Palacios 25/11/2013 Comentarios

Es una de las reglas no escritas del sistema político mexicano, no solo del Pri hegemónico, del Pan en su alternancia y de tricolor restaurado; cuando se ejerce el poder, está como asunto de primordial importancia, la reproducción del poder, desde el poder; y cada uno de los gobernantes le impone su poca, mucha o nula capacidad política para visualizar el escenario de los cambios.

Y en los últimos sexenios, hemos visto el cómo la falta de cuidado, la soberbia, la improvisación y los desafectos personales, le dieron al traste a cada ejercicio gubernamental, los que, de manera invariable terminaron en la picota del descrédito; seis años son muchos años cuando se tiene en la mira solo el ejercicio patrimonialista del poder; los negocios son lo importante, el enriquecimiento del núcleo gobernante opaca la obra pública y nulifica los pocos logros en materia política.

Partimos de la base de que toda administración pública, trae consigo un proyecto de desarrollo en todos los órdenes para la entidad; ahí es el territorio de los planeadores, de aquellos que saben hacer el diseño de los planes estatales de gobierno; empero, desde la llegada del gobernante, muy pocos son lo que se percatan de que uno de los rubros más importantes, es, el desarrollo político de la clase administradora; y, desde luego de la clase política que le da sustento frente a la sociedad.

En el siglo pasado; el gobierno de Francisco García Montero, se percibió como una extensión del cacicazgo de Gilberto Flores Muñoz; la venturosa llegada de Julián Gascón Mercado, era entendida como la forma del poder central, quiso desplazar el dominio caciquil del compostelense; en los cambios de mitad del sexenio, el esquema político se les deshizo al doctor y la secretaría de gobernación, tomó para sí el gobierno mediante el enclave de un super secretario general de gobierno que luego fue gobernador, el único que ha sido gobernante ocho años, Roberto Gómez Reyes.

Es con el economista que surgen algunos cuadros nuevos en el escenario político y en la administración pública; Héctor Velázquez, José Luis Béjar, Salvador Iñiguez, junto a otros de mediana edad como Ramón López Langarica, Jesús Díaz López; una generación que inicia cambios en el Pri, en los sindicatos –menos en la CTM- en el partido, en los medios.

Con Rogelio Flores Curiel, se suponía que entraríamos varios jóvenes irredentos, que habíamos salido apenas de la guerrilla y de la insurgencia de la luchas populares del movimiento estudiantil; solo que el coronel, ya con su ascenso un tanto conflictado remodela la administración pública con algunos rostros nuevos, como Antonio Echevarría; el junior Mengibar y recurre a sus viejos amigos a los que improvisa como funcionarios públicos.

EL CAUDILLO Y SU APERTURA

Con la llegada del caudillo, Emilio “eme” González, se abre como nunca las oportunidades para las nuevas generaciones de políticos, muchos que se habían incubado en puestos menores de dirigencia, como Manuel Rivas Allende, Antonio Pérez Peña, Ramón Rosas; con un singular estilo de gobierno, su administración se distingue por incorporar jóvenes y darle oportunidades, aunque en los procesos electorales actúa conforme la costumbre del Pri nacional.

Luego Celso Delgado que llega en sus cuarenta y tantos años al gobierno, trae consigo a toda una generación de náyaros metropolizados, desligados de la entidad, hace un gobierno de incontables promociones y grandes endeudamientos; sin embargo, sigue la ortodoxia de la clase intelectual que llegó al poder con Carlos Salinas como presidente de la república; al igual que sus predecesores, salvo Rogelio Flores Curiel, poco hizo para reproducir la clase política.

Rigoberto Ochoa Zaragoza, llega a ser gobernador con toda la cultura política de la CTM, con miras cortoplacistas, burocratiza al Pri estatal, casi lo asfixia financieramente y se dedica a sanear financieramente al gobierno estatal, pagando la deuda que heredó con Banobras; poco o nada hizo por fortalecer las huestes pensantes del Pri y del gobierno; pierde la transición porque nunca se preocupó por visualizar el grave daño que le hicieron en su política interior sus principales colaboradores.

Antonio Echevarría Domínguez, llega ensorbebecido y exultante por  su increíble triunfo electoral; y con poca reflexión se echa a cuestas la tarea de desmantelar todo el aparato corporativo que en lo administrativo y en lo político el Pri había construido a lo largo de decenas de años en la entidad; sin contar con los cuadros adecuados, fracasa en dicho intento, y a la mitad de su sexenio con el resultado electoral, llega a concordatos con el cacicazgo de los Montenegro, a quienes no solo les respeta su  enclaves sindicales y en los Sepen; los lleva a instancias gubernamentales donde acreditan que son como el rey Midas pero patológico, toda instancia de poder o política que tocan, la convierte en heces.

El sátrapa de la mololoa, llega con su propio partidito, cuando las corrientes se dieron cuenta, ya les había comido el mandado, y a su vez, forma su gobierno y la burocracia del partido, con personajes de baja ralea, la incultura política es la divisa y el latrocinio de los recursos públicos su religión; contados son los cuadros que surgen en su gobierno, Pedro Antonio Enríquez y Armando García, sin duda son la excepción a la mediocracia que caracterizó el gobierno de González el pequeño.

LOS RETOS DE ROBERTO SANDOVAL

El gobernador, en una versión que no raya en la patología política, al igual que su predecesor, ha desdeñado las corrientes políticas tradicionales del tricolor, ha formado sus propios cuadros, y de hecho, ya construyó todas las estructuras paralelas de su partido, con sus propias huestes, tiene a la burocracia del Cde del Pri, como meros administradores de los lances políticos que se dinamizan solo en los tiempos electorales.

El profe Juan Carlos Ríos, poco se ha distinguido en acciones que sean para la capacitación de los cuadros que reclama el desarrollo político de todo gobierno, no se distinguen los hombres y las mujeres de Roberto como cuadros con la necesaria cultura política que reclama la reproducción del poder, desde el poder.

Desde la presidencia municipal, Roberto Sandoval tiene un grupo de jóvenes que han sido la mar de eficientes en el escenario de la administración y la obra pública; gente capaz y carismática como Raúl Rodrigo Pérez, Orlando Jiménez, Gianni Ramírez, Roy Gómez, Miguel Ahumada, José Luis Apaseo, Edgar Veytia; ya con su currícula consolidada tenemos a Roy Rubio, Gerardo Siller, Pepe Espinoza.

Sin embargo, la dinámica de los cambios constitucionales, renovar el congreso local, y las veinte presidencias municipales, tiene al gobernante en el inventario permanente de quienes de los jóvenes como Héctor Santana, Angel Aldrete y otros que por ahí pululan en puesto menores, son capaces de dar el salto a las ligas mayores y enfrentar los retos de una candidatura como diputados o presidentes municipales.

A menos de que desgrane su gabinete, podrá cumplir todas las candidaturas de ediles y diputados.

El reto es, primero hacer la prospección política desde fuera de su círculo rojo; tiene a sus asesores con visiones de corto plazo, la nueva generación administradora y la militante, tiene ante sí el reto de planear la reproducción del poder no solo para los procesos del próximo año o dentro de tres o nueve; son ellos quienes deben darse cuenta que la sociedad reclama políticos de nuevo cuño, comprometidos con las causas más prevalecientes de la sociedad.

Y segundo, de una u otra manera ya lo ha hecho, el gobernante tiene que tender puentes a otros partidos –o seguir cooptando cuadros- y a las corrientes tradicionales para formular un bloque de poder que asegure no solo el triunfo electoral en el 2014, sino que prepare las bases para la reproducción exitosa de su propia sucesión.

De lo contrario, uno de los eficientes políticos que no son de su marca, se les colará en las diputaciones federales, con enormes posibilidades de ser su sucesor…

Contacto: luisi48@prodigy.net.mx

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