OLIMÓN Y LAS DOS VARAS

Luis Ignacio Palacios 17/06/2013 Comentarios

Manuel Olimón Nolasco, es doctor en historia, cura católico y con doctorado en teología en la Pontificia romana; tiene un impresionante currículum en esa extraña burocracia de la iglesia católica, que dependen del imperio más antiguo del mundo, el Vaticano; fue mi condiscípulo en la Escuela Preparatoria del extinto Instituto de Ciencias y Letras del Estado de Nayarit, el antecedente de la hoy UAN; y viene a cuento este personaje que desde unos años es párroco de la parroquia de Jala, lugar tranquilo con una añeja iglesia en ruinas.

En su página de internet y replicado por el portal de Antonio Tello, Olimón reproduce las palabras del Papa Francisco que expresó ante el presidente del gobierno español, y este “nuevo” discurso del nuevo pastor de la iglesia católica que con su sibilino significado es lo que está seduciendo a millones de sus fieles y por ahí va la publicidad en medios donde se resalta la “humildad” del jesuita que siendo el nuevo imperator católico no usa el boato ni los instrumentos del poder del Estado Vaticano.

Ello pues vale, es su chamba y a eso se dedican a embaucar a millones de seres en el mundo que requieren muletas mentales para explicitarse su existencia, el mundo y el universo en que vivimos; olvidando la tenebrosa historia de explotación y de expoliación que junto a las fuerzas del poder hegemónico de los imperios llevaron a cabo a los pueblos en los continentes conquistados, América, Africa, Oriente y Oceanía.

Y desde luego, esta iglesia de obsesos fornicadores cuyo epítome el torvo Marcial Maciel, creador de la ignominiosa organización “Legionarios de Cristo” protagonizó una historia de escándalos sexuales que harían ruborizar a los Borgia, llegando al inaudito de violar a sus propios hijos.

Estos son los rostros que se ocultan, con el mensaje del Papa Francisco, un pastor “bueno” y “humilde” que fustiga con su verbo a los líderes de Europa, acusándolos de seguir el modelo de una sociedad de consumo, y que dichas palabras, parecieran que son de los curas que en América latina hace años en el siglo pasado, hicieron un movimiento marginal, de solidaridad con los jodidos, que se denominó “Teología de la liberación” una extraña muestra de marxismo con reminicencias de la ideología de los primeros cristianos.

Y de este tema, el buen Olimón lo aprovecha y le revira al gobierno, sus políticas públicas.

¿HAY CURAS BUENOS..?

Este es el texto del párroco de Jala:

“Podremos, sin embargo, preguntarnos: ¿para mí, que vivo en Nayarit o en el occidente de Jalisco, qué pueden significar? Mucho. Basta dirigirlas como faro a nuestro alrededor el flujo de inversiones hacia la “Riviera” en detrimento del desarrollo de otras regiones, la “nueva agricultura” de maquila que hace a los antiguos campesinos peones mal asalariados, los precios alterados del frijol y del maíz, la crisis del tabaco, el impacto de los “megaproyectos” que parecen venir: el canal Costa de Oro, la presa del río San Pedro; el ruido de los conciertos distractivos de Luis Miguel y Julio Iglesias, la “cruzada contra el hambre” y las “farmacias de la gente”, paliativos para clientelismo político; el manejo antidemocrático de la información y las decisiones. Hay en el fondo un desprecio y un insulto a la dignidad humana que llama a la reflexión.”

Son asertos de un cura católico que busca reproducir la orientación crítica del Papa Francisco a nuestro singular entorno y sin método alguno que nos refiera un ejercicio cognitivo crítico al todo de nuestra sociedad, focaliza tópicos que son parte del desarrollo de nuestras vocaciones productivas, que al parecer las considera inconvenientes y no aprueba, según sus palabras, la política humanitaria de los gobiernos federal y estatal, misma que se expresa en la entidad en programas  que contienen –dice Olimón- “en el fondo un desprecio y un insulto a la dignidad humana…”

Este tipo de críticas son muy propias de la iglesia católica, sobre todo que son solo de la boca para afuera, porque tienen, -siempre han tenido- dos varas para medir su inserción en la sociedad y los gobiernos; la existencia y los intereses de la iglesia han sido sus apetitos por el poder, sus afanes son de este mundo, la riqueza acumulada en el Estado Vaticano, en su Banco que financia las muy dignas industrias: armas y pornografía.

Los gobiernos que en el ejercicio de sus políticas públicas buscan paliar la pobreza extrema y mediante la intervención del Estado, abaratar insumos o medicinas, han sido mal vistos por los dueños del poder económico, la vieja tesis que defiende la economía de mercado, con la cual, ha contemporizado desde siglos los ubicuos curas católicos y toda la clericalla de su iglesia en todas partes del mundo.

El mundo al que pertenece Manuel Olimón es el de la superstición y la barbarie, su texto me genera el aguijonazo de la incredulidad y de la indignación, porque en sus milenios de historia, la Iglesia católica ha reprimido el pensamiento universal, sus dogmas persisten y son propios del oscurantismo que han impuesto a millones de seres.

Sus taras ahí están, la forma absolutamente incorrecta sobre los orígenes del ser humano y del cosmos; a este yerro monumental le imponen el máximo servilismo con el máximo de solipsismo, que es la causa de su peligrosa represión sexual.

Nunca clérigo alguno ha estudiado e interpretado la naturaleza de manera sabia, racional y trascendente; han demostrado siempre que son unos ineptos; que se han opuesto a la vacuna contra la malaria porque entorpecía los designios de dios; como ahora se oponen al uso del condón en los pueblos de Africa y América que lo promueven la ONU y los gobiernos locales en contra de la pandemia del Sida.

Entonces, meterse a críticos del sistema de gobierno y de sus políticas públicas nos muestran tal cual son; unos acomodaticios que olvidan que no tienen validez moral para hacerlo, porque la religión ha demostrado a lo largo de su historia que es excepcionalmente delictiva y que no tienen autoridad ética y moral para pronunciarse en forma absoluta de que son los sostenedores de la verdad eterna.

La religión y las iglesias han sido producto de la invención humana; y ahí en sus interiores acogen a lo peor de los humanos, apelar a la exoneración divina especial por sus prácticas y creencias, es, absolutamente inmoral; carecen de derechos sociales para criticar de manera pueril y sin sustento, al sistema político, al gobierno y a sus políticas públicas.

No, no hay cura bueno.

Contacto.- luisi48@prodigy.net.mx

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