DISCURSO OFICIAL NATALICIO DE BENITO JUÁREZ

Luis Ignacio Palacios 21/03/2013 Comentarios

 

Honorables autoridades civiles y militares

Fraternos hijos de la viuda

Jóvenes estudiantes; Señoras y señores

Quisiera que mi voz, fuera el eco de la elocuencia que brota en cascadas sobre la majestad de la Patria; hoy que hecho bronce y diseminado por todo el territorio nacional, la figura egregia del Patricio se afirma en el inconsciente colectivo de los mexicanos.

Porque en este tiempo, cuando se ha restaurado el gobierno de la república, y el partido histórico de México le imprime racionalidad republicana al ejercicio del poder, el pensamiento, la obra y la herencia de Benito Juárez, está presente en esta nueva etapa de las instituciones públicas.

El apotegma insigne que nos legó, se adelantó un siglo a su tiempo; constituyó en su oportunidad la base filosófica de la doctrina Estrada, que tanto respeto y prez trajo a la diplomacia mexicana en el siglo XX.

Para conocer la grandeza de los hombres que levantan pueblos, que sostienen instituciones, debemos de aquilatar el tiempo y las circunstancias –que le fueron adversas- que le tocaron vivir.

Aquel indio zapoteca, nacido en las entrañas de la sierra oaxaqueña, es el ejemplo del cómo la educación, la cultura y la pasión por los ideales de justicia y fraternidad, llevan a cabo un proceso civilizatorio, demostrando a la posteridad que la inferioridad racial no existe ante la potencialidad del espíritu..!

Benito Juárez, se educó en la escolástica liberal del siglo XIX, tuvo siempre la convicción de lo que significa ser un funcionario probo al servicio de sus conciudadanos, que lo hicieron regidor, diputado local, presidente del Tribunal de Justicia, y Gobernador de su Estado.

Para aquilatar el peso histórico del Benemérito de las Américas, debemos entender cabalmente las circunstancias históricas y el contexto político en el cual se desenvolvió; un México apenas en proceso formativo, debatiéndose entre la república federada o el gobierno centralista, y con la amenaza de los apetitos europeos y el naciente imperialismo norteamericano.

Desterrado en los Estados Unidos por el emperador de opereta –el autollamado “su alteza serenísima- Juárez, es llamado por los liberales que encabeza Juan Alvarez, creadores del Plan de Ayutla, cuya insurgencia desemboca en la restauración de la república federada, de corte liberal.

Con Alvarez e Ignacio Comonfort, al triunfo de la Revolución de Ayutla se unen una pléyade de mexicanos que serían protagonistas de la arquitectura constitucional del México republicano; decretan las leyes que remodelan la sociedad, la separación de la iglesia del Estado y el carácter laico del gobierno.

La Ley Juárez de 1855 suprimió los privilegios del ejército y del clero, estableciendo la igualdad de todos los ciudadanos ante la Ley; la Ley Lafragua de 1855 o Ley de libertad de imprenta, que permitió la libertad de expresión en medios impresos; la Ley Lerdo de 1856, obligó a las corporaciones civiles y eclesiásticas para la regularización inmobiliaria en beneficio de sus arrendatarios; la Ley Iglesias de 1857, que reguló el cobro de los derechos parroquiales.

En este crisol candente, enfrentadas las ideologías conservadoras con el liberalismo republicano, se lleva a cabo el Congreso constituyente que crea y promulga la Constitución de 1857; a esta Carta se anexan las Leyes de Reforma, promulgadas por los gobiernos de Juan Alvarez, Ignacio Comonfort y Benito Juárez.

México tiene así, su rostro republicano, establece la estructura jurídico política para la conformación de una democracia liberal; empero, la reacción conjura con las potencias europeas, viene la intervención francesa y el establecimiento del imperio de Maximiliano de Habsburgo.

Juárez entonces es el depositario de la legalidad republicana, ante la caída de Puebla, decide trasladar el gobierno al norte del país, el Congreso le otorga un voto de confianza y se disuelve; su presidente, Sebastián Lerdo de Tejada decide acompañar  al patricio; lo mismo Manuel Ruiz, magistrado de la Suprema Corte de Justicia de la Nación.

Imaginemos por un momento aquellos tiempos de nuestro México; el presidente de la república con las facultades extraordinarias que le concedió el Congreso, los representantes del judicial y del legislativo acompañando el peregrinar de la república itinerante, en aquellos carruajes iban los archivos de la nación, el acta de independencia y los tratados del gobierno mexicano.

Se interrumpía la independencia de México; hoy, a la distancia de siglo y medio de aquella intervención, las nuevas generaciones de mexicanos tienen que volver los ojos al siglo XIX, para rescatar nuestra memoria histórica, para que los valores y los símbolos nacionales adquieran presencia y relevancia, conociendo la grande epopeya de lo que significa -ante la adversidad y las divisiones- la construcción de éste nuestro gran país.

Juárez..! sepultando cetros y coronas imperiales, en el cerro de las Campanas el 19 de Junio de 1867 enterró para siempre los afanes imperiales de cualquier potencia, nunca más el sometimiento del pueblo al yugo extranjero, aquellos que osaron hollar el suelo mexicano, marcharon sobre alfombras de su propia sangre..!

Restaurada la república, la nación mexicana adquirió el reconocimiento internacional por la reciedumbre de su actuar en la defensa de la independencia nacional; la egregia figura del indio mexicano, mereció reconocimientos y homenajes de la América hispana, destacando el título de “Benemérito de las Américas” que le otorgó el Congreso de los Estados Unidos de Colombia en el mes de Mayo de 1867.

Hoy México reinicia una nueva etapa de su vida republicana; se restaura la investidura presidencial, luego de dos sexenios en los cuales los poderes fácticos tomaron espacios que no les corresponden, mal entendida la transición democrática que vive el país, que tuvo presidentes mermados en su poder y en su actuar, no tanto por la opinión crítica, sino por la incapacidad política para generar en democracia acuerdos con todas las expresiones políticas del país.

Una presidencia débil y mermada, llegó a entenderse como una expresión democrática del equilibrio de poderes; que nadie se sorprenda, México nació con vocación para la libertad y con instituciones sólidas; mediante el diálogo y los acuerdos en pluralidad con el presidente de la república, las reformas que se han emprendido, son producto del entendimiento y consensos de todas las fuerzas políticas, bajo la conducción del poder ejecutivo federal.

Hoy, el quehacer político vive unos de sus momentos más claros y productivos; el país se reencuentra con sus fortalezas y capacidades, y con la certidumbre de que todo se puede lograr, superar inercias perversas del pasado, y enfrentar con optimismo la construcción de un mejor futuro social para las nuevas generaciones.

Nayarit no es ajeno a las transformaciones que se impulsan desde el gobierno de la república; el gobernante de todos los nayaritas ha iniciado la recuperación del Estado sobre aquellos intereses que están obligados a obedecerlo; al igual que Enrique Peña Nieto, en la entidad con Roberto Sandoval, estamos contemplando la vuelta del Estado como el primer poder en México.

Un Estado protector, generoso con los que menos tienen, conduciendo la política económica hacia los sectores productivos de mayores potencialidades; ejes de desarrollo económico, social y político que les corresponde llevar a buen fin y participar en su realización a las nuevas generaciones de nayaritas.

El legado y el espíritu juarista se encuentra nuestras instituciones políticas y culturales; recordar a Benito Pablo Juárez García es una obligación cívica insoslayable, porque para amar con toda intensidad a esta Patria, debemos conocer a quién como el primer estadista mexicano, restauró la república sentando las bases para nuestra identidad nacional.

Si hemos honrado al héroe que cae, a Cuauhtémoc ante el conquistador español; a Juan Escutia ante la invasión yanqui; a Madero ante la traición de Huerta; honremos más, aún más, al héroe que triunfó restaurando la república y sus instituciones.

Porque desde el Panteón de San Fernando, en  el corazón de la ciudad de México.., Juárez ilumina a la nación…, por qué es luz en el tiempo…, y es tiempo en la gloria de la Patria..!

Es cuanto.

Luis Ignacio Palacios

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

C. Roberto Sandoval Castañeda

Gobernador Constitucional del Estado

C. Héctor González Curiel

Presidente Municipal de Tepic

C. Gral. Sergio García Vela

Comandante de la XIII Zona Militar

Señoras y Señores

 

 

Quisiera que mi voz, fuera el eco de la elocuencia que brota en cascadas sobre la majestad de la Patria; hoy que hecho bronce y diseminado por todo el territorio nacional, la figura egregia del Patricio se afirma en el inconsciente colectivo de los mexicanos.

 

Porque en este tiempo, cuando se ha restaurado el gobierno de la república, y el partido histórico de México le imprime racionalidad republicana al ejercicio del poder, el pensamiento, la obra y la herencia de Benito Juárez, está presente en esta nueva etapa de las instituciones públicas.

 

El apotegma insigne que nos legó, se adelantó un siglo a su tiempo; constituyó en su oportunidad la base filosófica de la doctrina Estrada, que tanto respeto y prez trajo a la diplomacia mexicana en el siglo XX.

 

Para conocer la grandeza de los hombres que levantan pueblos, que sostienen instituciones, debemos de aquilatar el tiempo y las circunstancias –que le fueron adversas- que le tocaron vivir.

 

Aquel indio zapoteca, nacido en las entrañas de la sierra oaxaqueña, es el ejemplo del cómo la educación, la cultura y la pasión por los ideales de justicia y fraternidad, llevan a cabo un proceso civilizatorio, demostrando a la posteridad que la inferioridad racial no existe ante la potencialidad del espíritu..!

 

Benito Juárez, se educó en la escolástica liberal del siglo XIX, tuvo siempre la convicción de lo que significa ser un funcionario probo al servicio de sus conciudadanos, que lo hicieron regidor, diputado local, presidente del Tribunal de Justicia, y Gobernador de su Estado.

 

Para aquilatar el peso histórico del Benemérito de las Américas, debemos entender cabalmente las circunstancias históricas y el contexto político en el cual se desenvolvió; un México apenas en proceso formativo, debatiéndose entre la república federada o el gobierno centralista, y con la amenaza de los apetitos europeos y el naciente imperialismo norteamericano.

 

Desterrado en los Estados Unidos por el emperador de opereta –el autollamado “su alteza serenísima- Juárez, es llamado por los liberales que encabeza Juan Alvarez, creadores del Plan de Ayutla, cuya insurgencia desemboca en la restauración de la república federada, de corte liberal.

 

Con Alvarez e Ignacio Comonfort, al triunfo de la Revolución de Ayutla se unen una pléyade de mexicanos que serían protagonistas de la arquitectura constitucional del México republicano; decretan las leyes que remodelan la sociedad, la separación de la iglesia del Estado y el carácter laico del gobierno.

 

La Ley Juárez de 1855 suprimió los privilegios del ejército y del clero, estableciendo la igualdad de todos los ciudadanos ante la Ley; la Ley Lafragua de 1855 o Ley de libertad de imprenta, que permitió la libertad de expresión en medios impresos; la Ley Lerdo de 1856, obligó a las corporaciones civiles y eclesiásticas para la regularización inmobiliaria en beneficio de sus arrendatarios; la Ley Iglesias de 1857, que reguló el cobro de los derechos parroquiales.

 

En este crisol candente, enfrentadas las ideologías conservadoras con el liberalismo republicano, se lleva a cabo el Congreso constituyente que crea y promulga la Constitución de 1857; a esta Carta se anexan las Leyes de Reforma, promulgadas por los gobiernos de Juan Alvarez, Ignacio Comonfort y Benito Juárez.

 

México tiene así, su rostro republicano, establece la estructura jurídico política para la conformación de una democracia liberal; empero, la reacción conjura con las potencias europeas, viene la intervención francesa y el establecimiento del imperio de Maximiliano de Habsburgo.

 

Juárez entonces es el depositario de la legalidad republicana, ante la caída de Puebla, decide trasladar el gobierno al norte del país, el Congreso le otorga un voto de confianza y se disuelve; su presidente, Sebastián Lerdo de Tejada decide acompañar  al patricio; lo mismo Manuel Ruiz, magistrado de la Suprema Corte de Justicia de la Nación.

 

Imaginemos por un momento aquellos tiempos de nuestro México; el presidente de la república con las facultades extraordinarias que le concedió el Congreso, los representantes del judicial y del legislativo acompañando el peregrinar de la república itinerante, en aquellos carruajes iban los archivos de la nación, el acta de independencia y los tratados del gobierno mexicano.

 

Se interrumpía la independencia de México; hoy, a la distancia de siglo y medio de aquella intervención, las nuevas generaciones de mexicanos tienen que volver los ojos al siglo XIX, para rescatar nuestra memoria histórica, para que los valores y los símbolos nacionales adquieran presencia y relevancia, conociendo la grande epopeya de lo que significa -ante la adversidad y las divisiones- la construcción de éste nuestro gran país.

 

Juárez..! sepultando cetros y coronas imperiales, en el cerro de las Campanas el 19 de Junio de 1867 enterró para siempre los afanes imperiales de cualquier potencia, nunca más el sometimiento del pueblo al yugo extranjero, aquellos que osaron hollar el suelo mexicano, marcharon sobre alfombras de su propia sangre..!

 

 

 

 

 

Restaurada la república, la nación mexicana adquirió el reconocimiento internacional por la reciedumbre de su actuar en la defensa de la independencia nacional; la egregia figura del indio mexicano, mereció reconocimientos y homenajes de la América hispana, destacando el título de “Benemérito de las Américas” que le otorgó el Congreso de los Estados Unidos de Colombia en el mes de Mayo de 1867.

 

Hoy México reinicia una nueva etapa de su vida republicana; se restaura la investidura presidencial, luego de dos sexenios en los cuales los poderes fácticos tomaron espacios que no les corresponden, mal entendida la transición democrática que vive el país, que tuvo presidentes mermados en su poder y en su actuar, no tanto por la opinión crítica, sino por la incapacidad política para generar en democracia acuerdos con todas las expresiones políticas del país.

 

Una presidencia débil y mermada, llegó a entenderse como una expresión democrática del equilibrio de poderes; que nadie se sorprenda, México nació con vocación para la libertad y con instituciones sólidas; mediante el diálogo y los acuerdos en pluralidad con el presidente de la república, las reformas que se han emprendido, son producto del entendimiento y consensos de todas las fuerzas políticas, bajo la conducción del poder ejecutivo federal.

 

Hoy, el quehacer político vive unos de sus momentos más claros y productivos; el país se reencuentra con sus fortalezas y capacidades, y con la certidumbre de que todo se puede lograr, superar inercias perversas del pasado, y enfrentar con optimismo la construcción de un mejor futuro social para las nuevas generaciones.

 

Nayarit no es ajeno a las transformaciones que se impulsan desde el gobierno de la república; el gobernante de todos los nayaritas ha iniciado la recuperación del Estado sobre aquellos intereses que están obligados a obedecerlo; al igual que Enrique Peña Nieto, en la entidad con Roberto Sandoval, estamos contemplando la vuelta del Estado como el primer poder en México.

 

 

 

Un Estado protector, generoso con los que menos tienen, conduciendo la política económica hacia los sectores productivos de mayores potencialidades; ejes de desarrollo económico, social y político que les corresponde llevar a buen fin y participar en su realización a las nuevas generaciones de nayaritas.

 

El legado y el espíritu juarista se encuentra nuestras instituciones políticas y culturales; recordar a Benito Pablo Juárez García es una obligación cívica insoslayable, porque para amar con toda intensidad a esta Patria, debemos conocer a quién como el primer estadista mexicano, restauró la república sentando las bases para nuestra identidad nacional.

 

Si hemos honrado al héroe que cae, a Cuauhtémoc ante el conquistador español; a Juan Escutia ante la invasión yanqui; a Madero ante la traición de Huerta; honremos más, aún más, al héroe que triunfó restaurando la república y sus instituciones.

 

Porque desde el Panteón de San Fernando, Juárez ilumina a la nación…, por qué es luz en el tiempo…, y es tiempo en la gloria de la Patria..!

 

Muchas gracias.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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