NAVIDADES

Luis Ignacio Palacios 24/12/2012 Comentarios

Días que se alargan, en medio del consumismo desbocado, salgo a la calle, a las plazas y centros comerciales, veo los rostros de mujeres bien vestidas, con sus pantalones ceñidos, botas altas, sweter de cuello de tortuga, chalecos con borrega; mujeres seguras en su talante, guapas que no traen cerca al varón que pueda ser su proveedor, van caminando orgullosas, de dos en tres, o cuatro; y lo curioso, hablan todas a la vez y parece que se entienden.

Pero en la calle veo otros rostros, mujeres de todas las edades, sus expresiones no son felices, su cara tiene una extraña impresión de angustia existencial; veo parejas que  caminan entre los anaqueles de las tiendas, ven precios y se miran entre sí, el juguete para los hijos no pueden comprarlo, se miran compungidos y recurren a ésos plásticos brillantes de juguetes que son la mar de frágiles.

Todos salimos, a cumplir el rito burgués de comprar en la medida de nuestras posibilidades, el regalo para los nuestros; ampliamos nuestra capacidad crediticia y el teléfono suena y suena con las ofertas de las tiendas que tenemos en la Plaza Forum, nos amplían los plazos y las cantidades, ¿habremos sido buenos clientes..?

Busco los libros que traigo anotados en mis gadget´s y no encuentro ninguno, las dos librerías que supongo deben de tenerlos, no los han recibido y hay que pedirlos y esperar una semana de menos; de vuelta tomo una, dos cervezas, el amargo frío de la cerveza nochebuena, me sabe dulce, con las tortas del rico bacalao que hizo mi mujer, como lentamente, disfruto encontrar los componentes del platillo.

Y pienso en los que menos tienen, en esta mi ciudad y encuentro las similitudes con todas las ciudades del mundo que conozco; hace añales, exitoso litigante en Guanatos un cliente me trajo un espléndido abrigo comprado en una exclusiva tienda de Nueva York, salí a cenar con mi familia de aquel entonces, al regresar en la entrada del fraccionamiento, en una parada de camión estaban dos niñas y un niño tiritando de frío, se acurrucaban entre sí y con sus caritas tristes ofrecían a esas horas chicles.

Me sentí el más miserable de los hombres, me quité el abrigo y con él, los envolví a los tres niños que me vieron con azoro; no sé que haya pasado, quizás lo vendieron o se lo llevaron a su casa, pero esa noche lloré por las inequidades de nuestras sociedades.

Hoy, escucho las críticas que hacen al gobernante Roberto Sandoval por su política social de prodigar entretenimientos, cena, pan y chocolate a la gente que asiste a los eventos en el parque metropolitano, es una manera de paliar la pobreza de estos estamentos sociales que no tienen acceso a salarios dignos, son dineros públicos aplicados con humanitarismo.

SOCIEDAD CRITICA

Tenemos una sociedad más crítica, libre y sin miedos, parte de verdad y exageraciones son la materia de estas actitudes contestatarias, las redes sociales, las reuniones de festejos sirven para darle curso a expresiones de todo tipo; la inconformidad social nunca se verá satisfecha, cada corriente política, cada simpatía o filia tiene sus especiales connotaciones; pero cabe preguntarse ¿qué clase de sociedad queremos y en qué medida estamos dispuestos a trabajar por ello, a no retobar cuando pagamos impuestos..?

México es un país rico, que se debate cada seis años en esperanzas y proyectos inacabados; muchos asumen para sí, la verdad social, nunca están satisfechos con las acciones de los gobiernos; veo el falso debate que se generó con la remodelación del parque a la madre, la carga de histerismo es amplia, y la crítica acerva es porque ahí es el barrio del presidente municipal Héctor González Curiel, vaya..! hasta la escultura que hizo Campos Dorado las críticasla hicieron trizas los culturosos, esa turba de malandrines desplazados de las nóminas oficiales.

Esta temporada para los practicantes de alguna religión, debiera ser de recogimiento y espiritualidad; pero solo veo el sibaritismo, el disfrute falaz, el consumismo sin sentido, la presunción de la ingesta de tales o cuales pomos, bebidas comerciales que les mandan su dependencia con las televisoras enajenantes; ¿el síndrome de Pompeya..? o el fatalismo del mexicano que en esta pirotécnica verbal, festiva y etílica esconde sus miedos, sus angustias de querer ser otro y no poder llegar a serlo.

Somos un pueblo, un país con sus singularidades; hemos hecho una gran hazaña, levantar toda una nación con mas fortalezas que debilidades, que pese a todo ha permanecido entera ante las crisis de nuestros imperiales vecinos y de la Europa comunitaria; pocos se percatan de ello, es preciso revisar lo que tenemos y lo que nos falta por hacer.

Mucho del pueblo requiere de gobernantes que asumen la conflictiva personal de grandes conglomerados y este es uno de los grandes problemas que como sociedad aún tenemos; la construcción de mejores instituciones demanda de mejores ciudadanos, responsables, que tengan clara convicción de su papel social, ajenos a los consustanciales egoísmos del mexicano.

Altura de miras, construír mejores escenarios familiares para depurar la sociedad, y que las nuevas generaciones no se tiren a la milonga, ni a la cínica irresponsabilidad de que todos los actos de los gobiernos son muestras de corrosión y de corruptelas; estas navidades, pudieran prolognarse con la bienaventuranza para hacer un poco mejor nuestras acciones cotidianas…                                  Contacto: luisi48@prodigy.net.mx

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