FUT-BOL OLÍMPICO

Luis Ignacio Palacios 13/12/2012 Comentarios

La verdadera religión de los mexicanos es el fut-bol; como le busques, es la única actividad lúdica que une a las familias, y anteayer, unió al país, millones de meshicas atentos a la transmisión del partido de la selección olímpica contra el representativo de Brasil, que a la postre nos dieron una de las más grandes satisfacciones colectivas, vencerlos y ganar por vez primera la ansiada medalla del primer lugar, el oro olímpico.

Si algo puede ser el vínculo de integración nacional es ver a la selección nacional en escenarios promisorios, Copa del Mundo, Copa Federaciones y Juegos Olímpicos; sin duda tenemos que reconocer que esta generación de nuevos futbolistas, son jóvenes que tienen otra personalidad, otras actitudes, aquellos que “jugaban como nunca para perder como siempre..” paulativamente se han ido; estos jugadores tienen una mentalidad triunfadora, conscientes de que el esfuerzo y la constancia puede dar sus frutos.

Y el sábado por la mañana, temprano, las calles de las ciudades aparecían casi desiertas, todo mundo pegado a los monitores, gustosos por el gol tempranero y nerviosos esperando el despliegue del genio futbolista del impresionante equipo brasileño, que, ante la destreza y enjundia de los mexicanos, no pudieron, por más que quisieron y la acre discusión entre dos de sus estrellas, es la muestra de la desesperación en que se encontraban, impotentes, feneciendo el tiempo y sin poder superar los dos goles del “Cepillo” Oribe Peralta.

La identidad nacional, con toda su carga de emociones encontradas, la sique del mexicano, hizo suya la victoria, el fanático sale a las calles, plazas y lugares emblemáticos para festejar, sí, con plena legitimidad echar gritos, tragos y relajo, en un curioso mecanismo conductal muy parecido a la catarsis; los gritos del aficionado no tienen ya el contenido de la angustia existencial soterrada, ni existe el contenido excluyente de clase, se convive en todos los escenarios, con la sonrisa a flor de cara, y el gusto de sentirse mexicanos -en esa identidad en ocasiones perdida- cuando juega la selección mexicana.

En la composición del equipo olímpico, el patronímico del origen de los muchachos, es la muestra de la disputa por el orgullo de pueblos sobre sus mejores hijos, Nayarit con sus singularidades reclama para sí, al “Chatón” Jorge Enríquez, oriundo de Mexicali, Baja California, pero que desde pequeño se hizo futbolista en Xalisco y Tepic, de donde saltó a las Chivas del Guadalajara que lo catapulteó al equipo nacional, pese a que el gobernador de aquel Estado, inmediatamente felicitó al mediocampista náyaro y a Miguel Herrera, oriundos de aquella entidad.

Este triunfo, es el mecanismo para fortalecer el sentido de pertenencia, en esto tan difuso como la identidad del mexicano, que sin duda, legitima la íntima satisfacción de que no todo está podrido en este país; el fut-bol, como deporte de masas sigue funcionando como integrador de emociones, del consciente colectivo, el mexicano se llenó de orgullo, nada tan satisfactorio como ver la bandera mexicana, escuchar el himno nacional en la catedral del fut-bol.

Y sí, en la excelente fiesta de clausura, en el recuento de los logros,  México aportó su parte, nada mal para este equipo de fut-bol quienes con sus medallas colgadas al cuello, llevaron el nombre de México a este Olimpo con el afecto de millones, cuya sonrisa y gusto es algo más que una esperanza para ser mejores, ellos y esta generación ya lo son…

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