PEDRO ANTONIO EN SU LABERINTO

Luis Ignacio Palacios 23/11/2012 Comentarios

Hoy cumple el rito de informar a sus pares y a la sociedad, del estado que guarda la administración de justicia; a cargo de las presidencias de Tribunal y del Consejo de la Judicatura; Abogado, Master y Doctorado en Derecho, es sin duda el funcionario del Poder Judicial mejor calificado profesionalmente que haya llegado a dirigir la administración de justicia en la entidad; su presidencia largamente incubada se inserta en el proceso de reformas constitucionales del tramo final del sexenio anterior.

Esta presidencia se imbrica en las obvias lealtades del cúmulo de magistrados que inopinadamente llegaron al TSJ merced a las reformas a nuestra Carta local; y Pedro Antonio Enríquez no llega como figura operativa de ese imaginario político de intenciones transexenales; asume con buen talante la llegada del nuevo Poder Ejecutivo y Legislativo, desarrolla con eficacia su presencia institucional y evita la esperada confronta, con decoro y excelentes formas de interlocución personal la inter relación de los poderes funciona.

Por su dinámica, los integrantes del TSJ rara vez tienen carrera judicial, circunstancia que permea de variopinta manera en el cuerpo de juzgadores y burocracia de los juzgados, que se saben ubicados en una jerarquía inferior, tanto en lo político como en lo presupuestal; y pese a todos los avances de pluralidad y exigencia de transparencia del poder público, la administración de justicia, junto a su procuración previa, siguen constituyendo parte del desprestigio social que tienen en la sociedad.

En efecto, un Juez venal y corrupto, aunado a su ignorancia jurídica es un lastre para las trascendentales intenciones de la actual presidencia que ha desarrollado un cúmulo de acciones de capacitación y actualización judicial; sus rapacerías trascienden al foro local, y de vez en cuando los abogados litigantes, hacen uso de los recursos de queja ante el Consejo de la Judicatura, ese ente amorfo e insípido que integrado por todos los niveles del aparato judicial, de una u otra manera hacen nugatorio el presupuesto legal y difuminan las responsabilidades de los denunciados.

A pesar de existir pruebas contundentes –documentadas- en la comisión de faltas graves de los juzgadores denunciados, en el foro no se ha conocido ni una sola medida aplicada a los malos elementos, si acaso cambio de adscripción y lenes suspensiones de semanas; esta circunstancia pesa sobre el prestigio y la eficiencia de toda presidencia del TSJ y del CJE. Pedro Antonio lo sabe, se lo han dicho hasta la saciedad y no se ha atrevido a usar la espada flamígera del escarnio, la expulsión y consignación ante juzgados penales, contra aquellos jueces y secretarios que protagonizan la cotidiana corrupción, el ejercicio indebido de funciones y denegación de justicia.

EL IMPACTO SOCIAL DEL JUZGADOR

Por su formación académica, el magistrado presidente orienta las acciones trascendentes del Poder Judicial hacia terrenos antes no explorados; le preocupa en grado sumo, que la función jurisdiccional se lleve a cabo solo en el ejercicio simplista de la operación del derecho judicial, sin que se tome en consideración el entorno social, que los jueces sean tan torpes y ciegos como para no ver el impacto en las comunidades de sus sentencias; la doctrina garantista y sus valores sociales no aplican en la descarnada aplicación primaria de muchos juzgadores.

El arduo trabajo intelectual que desarrolla al frente de sus responsabilidades ha sido una de las acciones que con su ejemplo predica hacia los magistrados de las Salas del Tribunal y jueces de primera instancia; se codea con las vacas sagradas del Instituto de investigaciones jurídicas de la UNAM, participa con dignidad en ponencias trascendentes en las reuniones nacionales de Tribunales superiores de justicia y en las asociaciones que existen.

Le ha puesto el cascabel al gato de la exultante superioridad y desdén con que se manejan los jueces federales de distrito de las diversas especialidades, que de manera comodina utilizan a los juzgados de primera instancia como sus mejores notificadores para cumplir en tiempo y forma la impronta de sus resolutivos; al cobrarles por este servicio, el asunto se fue hasta el Consejo de la Judicatura Federal y se está en la espera de esos milloncitos que no le caerían mal a las finanzas del CJE.

Empero, lo mejor de la confronta con los Jueces de Distrito de procesos penales del Cefereso, es que se les clarificó que no son de jerarquía superior, y que son pares; la exigencia de respeto a la calidad de los jueces de primera instancia en el escenario del federalismo jurisdiccional en la pertinencia de solicitarles cubran los gastos de las notificaciones que en su nombre llevan a cabo, ha generado un enorme impacto a nivel nacional, y ya es tema de las reuniones de congresos de juristas especializados.

Llega Pedro Antonio Enríquez a su segundo informe, ¿Qué espera el foro, la sociedad, la clase política de su disertación..? de entrada que no se eche incienso y que no pierda el tiempo en la tribuna con aburridos datos estadísticos, sino que nos entregue un claro diagnóstico de cómo están las tripas del poder judicial; que diga qué les duele a los juzgadores y si el presupuesto asignado les alcanza para cumplir con dignidad y probidad la delicada función que tienen a su cargo.

Que exponga sus preocupaciones y angustias existenciales, ante el panorama complicado de instaurar el nuevo sistema de procesos penales; que nos diga cómo está la estructura operativa de la burocracia y juzgadores para afrontar este reto; que exprese cuáles son sus fortalezas actuales, pero también sus debilidades y aflicciones; y sobre todo, que le diga a los poderes, qué se necesita para la dignificación plena del Poder Judicial; a qué aspiran en esta nueva etapa de cambios y mutaciones en los paradigmas del derecho constitucional.

Y que le diga a la sociedad, si los jueces y magistrados son confiables, si tienen la cabal concepción de que la administración de justicia, es una materia que a diario tienen que acreditar de cara a los justiciables, porque la sociedad sigue viendo con desdén y desconfianza esta función del Estado.

En su entorno personal, el magistrado presidente ha sabido conducirse con probidad y mesura; eso destaca y es plausible, sin protagonismos absurdos de acosador sexual –que se recuerdan en presidencias idas- en el acto de hacer el balance de este segundo año al frente del Poder Judicial, estamos ciertos que lo hará con plena honestidad intelectual; se lo debe a su congruencia de vida, el hijo pródigo de un pueblito de Ahuacatlán se ha constituído en un normatipo a seguir como abogado y funcionario público.

Esperemos su informe para la correspondiente glosa…

Contacto: luisi48@prodigy.net.mx

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